Mucho antes de pisar un aula de verdad, Elsa ya era maestra. Lo era en los juegos de su infancia, compartiendo con sus amigas las pocas letras y números que conocía, con esa pulsión temprana y genuina por enseñar. Esa llama, que nació como un juego de niñas, terminó transformándose en la columna vertebral de toda su vida. Cuando cursaba …






