La historia de la medicina suele medirse en estadísticas, avances tecnológicos y publicaciones científicas. Sin embargo, su dimensión más profunda aparece cuando esos hitos transforman vidas concretas. La historia de Gabriela Smargiassi, su hija Victoria Villarreal y el Dr. Martín Riegé es la síntesis exacta de cómo la innovación científica, la empatía y la vocación de servicio pueden entrelazarse para torcer el destino.

En 1997, un equipo de profesionales liderado por el Dr. Martín Riegé realizó en Rosario la primera “Embolización selectiva en malformaciones arteriovenosas uterinas” de la Argentina, que le permitió a Gabriela preservar su sueño de ser madre. Años más tarde nació Victoria, quien con el paso del tiempo decidió estudiar Medicina. Tras rendir Ginecobstetricia como última materia en el Hospital Eva Perón y salir del aula, fue recibida en el pasillo por el mismo médico que hizo posible su nacimiento.

De la primera embolización uterina del país al título de médica de Victoria: una historia de ciencia, fe y vida

Luego de la viralización de un video que el Dr. Martín Riegé, publicó luego de que Victoria rindiera su última materia de la carrera de Medicina, muchas personas conocieron la historia de Gabriela y su familia. En ese sentido, El Correo dialogó con Gabriela y Victoria para que cada una cuente cómo fue su historia junto al Dr. Riegé.

El testimonio de Gabriela:

-¿Cuál era tu estado de salud y cómo llegás a dar con el Dr. Martín Riegé?

-Mi estado de salud era malo, era una paciente que había perdido dos embarazos y no sabían la causa de las pérdidas. Estaba anémica, tenía hemorragias y lo grave de todo esto era que no encontraban el diagnóstico; entonces, la indicación era extirpar el útero. En ese momento tenía 28 años, hacía un poco más de cuatro años que me había casado y quería ser madre.

Estaba internada en el Sanatorio Parque y mi mamá y mi marido van a hacer una entrevista al Hospital Italiano y lo conocen a Martín (Riegé), un médico recién recibido que mira el caso e indica hacer un eco-doppler. Me hacen el eco-doppler y Martín ve, con el médico ecografista de ese momento, que lo que había ahí era una malformación arteriovenosa. Entonces Martín le dice a mi familia que firmen el alta voluntario, y que me esperaba el 7 de enero a la mañana en el Hospital Italiano. Martín me recibe con su equipo médico, los doctores Navarini y Fontanarrosa hijo.

Luego de estudiar el caso, los médicos ven que esta malformación arteriovenosa se podía tratar a través de una embolización, como se trataban los aneurismas cerebrales y cardiológicos, y con este equipo de neurocirujanos y cardiólogos proponen hacer esta embolización uterina, que sería la primera que se realizaría en el país.

Me ingresan a la sala de hemodinamia. Yo no podía estar anestesiada, así que de ese día me acuerdo todo, como si lo estuviera viviendo hoy. Entramos a las 10 de la mañana y salimos a las 5 de la tarde. Martín estuvo todo el tiempo conmigo; los neurocirujanos y los cardiólogos hicieron la intervención por la arteria femoral de cada una de las piernas.

Yo despierta y mi familia esperando del otro lado. Martín todo el tiempo me decía: “Tu familia está ahí, tu abuela está rezando el Rosario, tu tía Mary también está”, y en un momento me abren la puerta y aparece la cara de mi papá, que para mí fue muy emocionante. Ahí estuve 15 días internada. Hay una anécdota familiar que dice que entraron a la habitación y yo parecía otra persona porque tenía color en la cara, hasta el pelo me había cambiado.

Esperamos las 72 horas de rigor, que el útero respondiera a todo ese procedimiento, que no necrosara, y así fue pasando el tiempo.

-¿Qué pensaron vos y tu familia cuando te propusieron hacer ese tipo de tratamiento?

-Mi familia todo el tiempo estaba a favor del procedimiento, porque todo lo que ellos querían era que yo fuera madre. Igual con los años me empezaron a contar algunas cosas. Ellos sabían el riesgo, que si esto fallaba había que sacar el útero porque no podía correr riesgo de vida. Pero lo que todos queríamos -los médicos, yo por supuesto y toda mi familia- era poder preservar el útero.

-¿Cómo fue tu evolución hasta el momento de quedar embarazada?

-En junio de 1998 me hacen la segunda parte de la embolización, ya estaba mucho mejor, fue una intervención quirúrgica programada en un contexto muy diferente. Ahí empiezo un tratamiento ginecológico específico; obviamente, no podía quedar embarazada porque el útero había que cuidarlo mucho.

Llegamos a enero de 2001, fui a la consulta y Martín me dijo que estaba todo bien, pero que el útero había que esperarlo porque el angioma estaba ahí, embolizado, pero estaba. El 9 de abril de 2001 nos enteramos con mi marido Luis (Villarreal) que estaba embarazada. Fue un embarazo de mucho riesgo, estuve los 9 meses en cama, no pude ir a Rosario.

-¿El embarazo tuvo un seguimiento especial?

-Cuando le digo esto a Martín, me dice: “Si te venís a Rosario no vas a poder volver, busquemos un ginecólogo en Firmat”. Ahí apareció el Dr. Mario Barrientos, a quien también le agradezco mucho, porque fue él quien hizo el seguimiento del embarazo junto con Martín. Una persona muy generosa.

-¿Cómo fue el nacimiento de Victoria?

-El Dr. Barrientos fue monitoreando todo el proceso, la fecha de parto era el 8 de diciembre. Programamos la cesárea en Firmat para el 22 de noviembre en la clínica Santa María, que ya no está. Me acompañó un equipo hermoso de médicos: la doctora Rita Santero, el doctor Garma, la doctora Mirta Ortiz, las enfermeras, las mucamas… mucha gente me acompañó. Y ahí nació Victoria.

Gracias a Dios la beba estaba muy bien, pesó 2,750 kg. Martín la escuchó llorar en ese momento por teléfono. Después, obviamente, cuando pudimos nos fuimos a Rosario, esa es un poco la historia.

En el año 1998 los médicos publican el caso. Es un caso muy conocido porque sé que estuvo en Congresos Internacionales inclusive, y dio la posibilidad de que muchas mujeres que tengan esta problemática, que es más común de lo que uno cree, puedan ser madres.

-¿El nombre Victoria tiene algo que ver con todo el proceso?

-El nombre de Victoria es porque después de la primera embolización del 7 de enero de 1997, donde me quedo internada quince días, Martín me iba a visitar a la sala con sus dos primeras hijas que eran chiquitas, Victoria e Inés. Él me llevaba a las nenas y yo le decía: “Ojalá”. Entonces me dice: “Sí, vas a tener a una como Victoria”, y quedó el nombre de Victoria.

-Un mensaje para el Dr. Riegé.

-Es un ser maravilloso. Estoy convencida de que Dios pone a esta gente en nuestra vida para hacer posible los deseos que uno tiene, y más en esto tan importante como es la salud.

Yo le había enviado un mensaje a Martín diciéndole que el lunes 27 de julio a las 8, en el Hospital Eva Perón de Baigorria, Vicky rendía su última materia y era justamente Ginecología y Obstetricia. Y él, sin dudarlo, me dijo: “Yo voy”. Imaginate, es un ginecólogo reconocido, no solo a nivel de nuestro país, sino mundialmente, es una persona muy ocupada; que haya estado ahí haciendo el aguante es maravilloso. Victoria se llevó la felicidad de su vida cuando me dijo: “Mamá, salí de rendir y estaba Martín. Me abrazó y lloraba”.

Parte II: El testimonio de Victoria

-¿La decisión de estudiar medicina tiene que ver con la historia de tu mamá?

-Desde muy chiquita siempre tuve la certeza de que quería ser médica, pero nunca me pregunté el porqué. En los cursillos de la Facultad nos hicieron esa pregunta, y eso me llevó a reflexionar y pensar un poco en mi historia. En la historia de mi mamá, en la historia de mi mamá con Martín… y llegué a la conclusión de que la medicina nos salvó. Salvó a mi mamá y pudo hacer que yo nazca. Entonces, es como devolver eso. Estoy muy agradecida a la medicina, a los avances, a que Martín quiso probar este estudio nuevo que nunca se había hecho en el país. Me gustaría contribuir de mi parte en ayudar a más mujeres a que puedan ser mamás, salvar vidas, como salvaron la de mi mamá y la mía.

-¿Cuándo te enteraste de la historia de tu familia con el Dr. Riegé?

-Desde que soy chica voy a su consultorio; para mí siempre fue como ir a visitar a un viejo amigo. La verdad era que mi mamá iba a control y yo no sabía, yo iba a visitarlo a Martín. Una vez, en la secundaria nos habían preguntado de dónde venía nuestro nombre o por qué nos lo habían puesto. Ahí les pregunto a mis papás y me cuentan un poco la historia de que Martín iba a visitar a mi mamá con su hija que se llamaba Vicky.

-¿La elección de rendir Ginecología y Obstetricia como última materia fue a propósito?

-La verdad que no sé si lo hice a propósito o fue casualidad, lo hice de manera inconsciente. Se fue dando así, para mí fue más inconsciente, porque yo quería que la última sea una materia donde pueda ir un poco más relajada… que la verdad al final no pasó, porque fui con unos nervios terribles. Quería estudiarla bien para sacarme una buena nota y que el doctor Riegé esté orgulloso de mí.

-¿Cómo te sentiste antes y durante el examen?

-Siempre antes de rendir me pongo muy nerviosa. Y sumale los nervios de que era la última materia y quería que me vaya bien, tenía mucho miedo de que me vaya mal. Tenía como ese peso. Después, cuando entré a rendir, se te pasan todos los nervios.

Es una materia que se rinde en dos partes: primero rendí con el obstetra. El profe me trató muy bien, respetuoso, con muchas ganas de explicar; el examen también es una instancia más de aprendizaje, ¿no? Fue una charla muy amena, el profe dibujaba, explicaba mucho.

Cuando salgo de rendir Obstetricia para ir a rendir Ginecología, estaba Martín en el pasillo esperándome con mis amigas. No sabía que iba a venir, fue una sorpresa. Mi mamá me había dicho: “¿Querés que le contemos a Martín?”, y yo le dije: “No, no lo molestes, cuando vaya a la consulta le cuento”. Ella le dijo igual y fue sorpresa.

-¿Y cómo fue ese cruce en pleno examen?

-Cuando salgo le digo: “Martín, ¿qué hacés acá?”, y justo no pudimos hablar mucho porque me llama el otro profe para entrar a rendir la otra parte, que sería Ginecología. Ahí el profe, también muy amable, me preguntó si era la última materia. Le conté, me felicitó y me dijo que ya éramos colegas. También me preguntó qué quería seguir después de terminar la PFO. Le conté que tenía dos opciones y que la primera es Cirugía General. Desde que soy chica quiero ser cirujana, entonces ahora como que lo volví a confirmar: mi primera opción es ser cirujana, hacer Cirugía General, aunque Gineco también me gusta, es otra opción que tengo ahí.

Hablamos un poco de eso con el profe y después me hizo las respectivas preguntas de la materia. Cuando me aprobó, me dijo felicitaciones, me abrazó y fue todo muy emotivo. Después salgo y lo veo a Martín en el pasillo, todo emocionado. Nos abrazamos, nos sacamos la foto y fue todo muy emocionante.

-¿Qué sentiste cuando viste el video que publicó el Dr. Riegé recordando el caso?

-Cuando vi el video me sorprendió, no me lo esperaba. La verdad, fue una sorpresa re linda y me encantó que haya contado el caso después de tanto tiempo, para que la gente sepa lo que pasó hace tanto tiempo y cómo se hizo la primera embolización uterina en el país.

-¿Qué mensaje te gustaría dejarle al Dr. Martín Riegé y a tu mamá Gabriela?

-Para Martín: que lo quiero y lo admiro muchísimo. Es uno de los pocos profesionales que ejerce su profesión con tanta pasión y entrega, todas sus pacientes lo aman, y me encantaría llegar a ser una profesional como él. Le agradezco mucho a su mente innovadora y a la del equipo que lo apoyó en ese momento, porque sin ellos ni yo, y capaz tampoco mi mamá, estaríamos acá.

A mi mamá: decirle que la amo y la admiro muchísimo, que es la persona más luchadora y fuerte que conozco, no sé de dónde sacó tanta fortaleza en ese momento. Solo agradecerle que hasta dio el cuerpo y la vida por mí, y que yo sin ella no sería lo que soy hoy. Es la que siempre está ahí apoyándome en cada paso que doy, alentándome, diciendo que no me rinda. Gracias al apoyo de ella, de mi papá y de toda mi familia pude cumplir este gran sueño.

Por Elías Ferreyra

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