Cuando alguien observa kitesurf desde la orilla, suele encontrarse con una imagen difícil de ignorar: una persona deslizándose sobre el agua, impulsada por un barrilete o kite, capaz de recorrer grandes distancias, cambiar de dirección y elevarse varios metros en el aire. Desde afuera parece una combinación de libertad, técnica y adrenalina, sensaciones que quienes vivimos en Firmat y la región podemos experimentar en la laguna de Melincué, nuestro lugar habitual de navegación y el lugar donde aprendemos, compartimos experiencias con otros “navegantes” y esperamos que el viento nos permita entrar al agua.

Como profesor de Educación Física, preparador físico orientado al alto rendimiento y kitesurfista aficionado, me interesa observar esta actividad más allá de su espectacularidad, porque detrás de cada buena sesión también hay decisiones: cuándo navegar, dónde hacerlo y qué maniobra intentar. Por eso, con este primer escrito quiero abrir una serie de artículos. El primero usarlo como base tratando sobre las lesiones. Aunque antes considero necesario aclarar que cada uno de esos “porrazos” puede ser una peripecia propia de cualquier práctica deportiva y no es lo que define una sesión en el agua.

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Arranco informando a los interesados que la investigación científica sobre lesiones en esta actividad todavía es reducida y reúne condiciones de práctica muy diferentes. Estudiarlas no significa presentar al kitesurf como un deporte inevitablemente lesivo, sino reconocer situaciones que pueden aumentar el riesgo: fatiga, poca profundidad, obstáculos, mala lectura del viento o una progresión técnica apurada.

Un estudio de van Bergen y colaboradores, publicado en 2020 en la revista World Journal of Orthopedics, llamó la atención sobre los saltos y los sectores de poca profundidad. El agua no siempre garantiza una caída blanda: cuando el fondo está cerca, el impacto cambia. La conclusión no es dejar de saltar, sino progresar con técnica, espacio y condiciones adecuadas.

La investigación de Offerhaus y colaboradores, publicada en la revista BMC Sports Science, Medicine and Rehabilitation, año 2026, encontró patrones diferentes según la modalidad. En freeride que busca navegar, disfrutar y realizar saltos recreativos, predominan cortes y abrasiones; en big air, que apunta a alcanzar grandes alturas y realizar maniobras aéreas, predominan lesiones costales, conmociones y problemas cervicales; y en freestyle, se concentra en trucos, rotaciones y recepciones exigentes, las principales lesiones son de rodilla, dedos y hombro. Esto no significa que todos sufrirán esos problemas, sino que cada forma de navegar demanda una preparación y una progresión particulares.

También existen molestias que no aparecen de golpe. Paiano y colaboradores en un artículo publicado en 2020 en la revista Muscles, Ligaments and Tendons Journal, observaron problemas por sobreuso en hombro, zona lumbar y rodilla, especialmente cuando se acumulan horas de navegación, posiciones sostenidas o poca recuperación. No toda lesión nace de una caída fuerte; algunas se construyen lentamente.

La mejor prevención no consiste en navegar con miedo, sino en navegar con criterio. Conocer el lugar y la profundidad, respetar el pronóstico, revisar el equipo, no salir solo y dominar los sistemas de seguridad permite disfrutar con mayor tranquilidad. Prevenir no le quita emoción al deporte: ayuda a sostenerla en el tiempo.

La preparación física también tiene un lugar central. No garantiza que nunca habrá lesiones, pero mejora la capacidad de responder a las demandas del deporte.

En el próximo artículo voy a profundizar en la prevención y, más adelante, en el entrenamiento físico real para kitesurf: una preparación pensada para sus exigencias y no una rutina genérica de gimnasio.

Para terminar e irme detrás de las brisas, les digo que el kite atrapa rápido: la sensación de que el viento y el agua, por un momento, trabajan a favor nuestro. Como dicen los profes de la escuela Kitesurf Melincué “La progresión más valiosa no es saltar más alto en menos tiempo, sino seguir disfrutando del deporte durante muchos años”.

Por Juan Andrés García
(Profesor Nacional de Educación Física)

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