De niños, solíamos oír una frase que tomábamos como una verdad irrefutable: “La mentira tiene patas cortas”. En ese momento estábamos seguros que el engaño era torpe y no llegaba lejos. La frase nos daba la tranquilidad de justicia inmediata. Sin embargo, el tiempo nos enseña que muchas veces la mentira tiene patas largas que caminan impunemente. Así lo padecen …






