Mi hermano más grande un día decidió comprar un disco de Los Redondos de Ricota, como así también de Soda Stereo, de Fito Páez, de tantas otras cosas, las cuales yo obviamente escuchaba y consumía. Pero LA MOSCA Y LA SOPA, no sé por qué, me llamó más la atención que todos los demás. Eran principio de los ’90s. Ese disco me empezó a dar vueltas, y ese empezó a entrar en la compactera más seguido que todo el resto.
No sé qué me identificaba, qué era lo que me gustaba, era un poco más crudo que los otros, el rock and roll, alguna letra de las canciones. Al poco tiempo salió un disco doble, y ese sí, LOBO SUELTO/COREDERO ATADO, definitivamente me posicionó como ricotero. Me gustaban Los Redonditos. Si quería una remera de un grupo de rock, era de Los Redonditos. No la tenía ni la compraba, pero la quería. Y si preguntaban qué banda de rock o qué música me gustaba, LOS REDONDITOS decía yo. En eso empezó obviamente la vorágine de leer en revistas, La Pelo, en la Solo Rock o en alguna otra, a ver qué había de Los Redondos. Después de gente que te contaba algo, mi hermano ya en Rosario estudiando fue a verlos. Hablaban de las corridas de la policía en el salón naranja de La Rural, del recital, y alguna otra cuestión más que me iba enterando. Y me empecé a enterar de los discos anteriores.

Cuando fui a Bariloche, el sexto año de la escuela técnica, con plata en el bolsillo, en pleno Bariloche entré a una disquería y me encontré con Gulp! Y Octubre, unos de los primeros discos de Los Redondos, y decidí gastar la plata en eso, no tanto en joda, en chocolate y la bebida, que también gasté en eso, pero eso era importante. Tenía plata en el bolsillo, podía hacer lo que yo quería, y ¿qué quería yo? Ser ricotero. Básicamente quería ser parte de eso, no solamente me gustaba, la música me identificaba.
Por el año 1996, acá en Santa Fe tenían un lugar que iban a visitar y tocar Los Redondos muy seguido, que era San Carlos Centro, un boliche. Y justo daba la casualidad de que mi amigo Luciano (Sucu) había vivido, tenía parientes, y dijo: ¡podemos ir! Compramos las entradas en Rosario en una disquería muchos días antes, y nos fuimos a dedo. Fue una aventura, una gran aventura con un amigo.

Paramos en la casa de su familia, fuimos esa noche a los Redondos presentando LUZBELITO, hicimos una bandera. A la vuelta también nos volvimos a dedo. La policía nos detuvo por averiguación de antecedentes, cosas que pasaban y que siguen pasando, que son horripilantes. Pero ese mundo de toda esa gente de todos lados del país, caminando, inundando una ciudad haciendo la suya, la ciudad abriéndose a entregarse para ser ricotera, para esa fiesta que le traía plata, pero a la vez la identificaba en el mapa. Con el tiempo aparecieron más oportunidades para ver a LOS REDONDOS en River. Y después, gracias a otro amigo más como José Amillategui, puede ir a ver al Indio a Tandil.


Es todo eso de ser parte, de ser parte No protagonista, sino ser parte del movimiento, de la defensa, de la presencia, del acá está, yo no me olvido, estos son, compáramelo con, poneme al otro acá adelante y yo te digo por qué, y yo te doy mis argumentos de por qué ser ricotero está buenísimo. Ahora que se murió el Indio, uno puede interpretar varias cosas. Entró por la música con Los Redondos, definitivamente. Después uno fue creciendo y fue leyendo las letras, aparte de escucharlas, y darle el propio significado como él quería.
Y cuando llegó esta era de la comunicación, de las redes sociales, ahí conocimos al Indio Solari, porque sinceramente nosotros éramos gente que no lo conocíamos como lo hicimos en esta última década, empecé a ver que estamos de acuerdo con él, que podía discutir con él. Pero más allá de estar de acuerdo o no, lo importante es como decía lo que decía, eso es lo que más me gusta… nunca bajó la vara, Jamás bajó la vara en sus palabras, en su forma de expresarse, en las metáforas, en la búsqueda de la idea. No bajaba la vara nunca, nunca quiso ser popular. Él era popular porque hacía algo que le llegaba a la gente, pero él no bajó la vara y eso me parece algo extraordinario.
| Fuente/periodista: Horacio Viola






