El Federalismo argentino ha tenido exponentes de excepción, pero sin dudas, las figuras de Estanislao López y Manuel Dorrego brillan con luz propia. Enemigos en una particular coyuntura política, la historia los unió en uno de los momentos cruciales de la consolidación del sistema federal.
El porteño y el santafesino fueron la expresión más cabal de un federalismo popular que nunca dejo de comprender que la República Democrática era el centro de gravedad necesario para cohesionar a un país desorganizado que no encontraba el rumbo después de la Revolución de Mayo.
Manuel Dorrego fue, además de uno de los principales líderes del Partido Federal, militar de la Independencia, legislador y dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires. Su figura desempeñó, con clarividencia, un rol central en los debates sobre la organización política republicana del Río de la Plata.
Nació en Buenos Aires el 11 de junio de 1787, en el seno de la familia conformada por José Antonio Do-Rego o de Orrego, transformado luego en Dorrego, y María Asunción Salas. Cursó estudios en el Real Colegio de San Carlos. Tras verse involucrado en los sucesos políticos de 1809 en la capital virreinal, viajó a Chile para continuar la carrera de leyes en la Universidad de San Felipe.
En 1810 se integró al movimiento independentista chileno, ganándose el apodo de “El joven chispero”, por su fervor revolucionario. En abril de 1811 colaboró en la sofocación de la asonada realista de Tomás Figueroa, obteniendo el grado de capitán. Regresó a Buenos Aires ese mismo año para incorporarse a las fuerzas patriotas que combatían en el Alto Perú. Participó en acciones como Suipacha, Nazareno, Tucumán y Salta, destacándose por su arrojo en el frente de batalla.
Su carácter e impetuosidad lo llevaron a tener fuertes fricciones con sus mandos superiores, entre ellos y nada menos, con Belgrano y San Martín, sufriendo arrestos y un confinamiento en Santiago del Estero en 1814 por infracciones disciplinarias. De regreso en Buenos Aires, asumió una postura de dura oposición republicana frente al gobierno del Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, rechazando abiertamente los planes de coronar a un monarca en el Río de la Plata.
A fines de 1816 fue arrestado y expulsado del país. Entre 1817 y 1820, residió exiliado en Baltimore (Estados Unidos), donde estudió el idioma inglés, las instituciones democráticas y el modelo federal norteamericano, consolidando su ideario político. Pudo observar, en directo, mucho antes que Tocqueville y Federico List, la tremenda potencialidad social y productiva que asomaba en la naciente república del norte.
Con la caída del poder directorial en 1820, regresó a Buenos Aires, e intervino para contener violentos conflictos internos, siendo nombrado gobernador interino y jefe militar. Aunque logró cohesionar las facciones porteñas en disputa, fue derrotado militarmente por las fuerzas del Litoral, encabezadas por el más grande de los santafesinos, Estanislao López.
Beneficiado por la Ley de Olvido de 1822, reingresó a la vida pública. Se desempeñó como diputado en la Legislatura bonaerense y en el Congreso Constituyente durante el período 1824-1826. Su discurso en Defensa del Federalismo, en la sesión del 29 de septiembre de 1826, debería estudiarse en todas las instancias educativas del país por su claridad y profundidad.
Se erigió en el principal referente del federalismo en Buenos Aires, impulsando la extensión del derecho al voto y oponiéndose firmemente a suspender los derechos electorales de peones y jornaleros. Fundó el periódico El Tribuno, desde donde combatió la política centralista de Bernardino Rivadavia.
Enrique Mario Mayochi, en su trabajo Manuel Dorrego- Diputado del País Federal, afirma con acierto:”…fue como diputado constituyente el gran sostenedor de la organización nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata y, a la vez, el inclaudicable defensor de los derechos de todos y de cada uno de sus compatriotas, sin hacer distingos por razón de su condición social, de ser trabajador a sueldo o de no poseer bienes personales estimables. Agréguese a esto, de que desde los albores de la Revolución, fue partidario del régimen republicano, firme sostenedor de mantener unido el antiguo régimen virreinal y luchador infatigable con la pluma y la palabra”.
Tras el colapso del bochornoso gobierno de Rivadavia, fue electo gobernador de Buenos Aires en agosto de 1827, asumiendo además el manejo de las Relaciones Exteriores de las Provincias Unidas. Debió afrontar la finalización de la Guerra del Brasil, firmando en 1828 el tratado de paz que reconoció la independencia de la Banda Oriental. Esta resolución generó un profundo malestar en las filas de los oficiales jefes del ejército unitario, que retornaban de la campaña brasilera.
Comprendió, como lo habían hecho Francisco Ramírez y Estanislao López después de la batalla de Cepeda, recibiendo por ello la furia de José Gervasio Artigas, que la continuación de la guerra contra el Imperio del Brasil, en medio de las enormes disensiones internas, nos hubiese llevado a la disolución nacional.
Intentó, con denuedo, organizar un Congreso Nacional junto a los gobernadores del interior para dar una estructura federal definitiva al país. El 1° de diciembre de 1828, Juan Galo Lavalle, espada sin cabeza según la expresión de Esteban Echeverría, encabezó un golpe de Estado contra su popular gobierno. Dorrego marchó al interior de la provincia de Buenos Aires para organizar la resistencia militar junto a las milicias rurales.
Derrotado en el combate de Navarro el 9 de diciembre de 1828, fue apresado y entregado a las tropas unitarias. Sin proceso ni juicio previo, e instigado por los tenebrosos “hombres de la casaca negra”, Lavalle ordenó su fusilamiento el 13 de diciembre de 1828. Su ejecución convirtió a Dorrego en el primer gran mártir del Partido Federal e intensificó las guerras civiles argentinas.
Su relación con Estanislao López
La relación entre Manuel Dorrego y Estanislao López estuvo marcada por una evolución no lineal que fue desde el enfrentamiento militar hasta una alianza política en defensa del federalismo popular. En 1820, las fuerzas de nuestro Brigadier General avanzaron hacia Buenos Aires. Para contener la amenaza litoraleña, Dorrego asumió el mando militar, y posteriormente la gobernación interina de la provincia de Buenos Aires.
Logró una victoria inicial sobre las fuerzas santafesinas en San Nicolás. A pesar del triunfo militar, inició tratativas diplomáticas y envió propuestas de armisticio a López para alcanzar una paz duradera. Las negociaciones no prosperaron inmediatamente y los choques armados continuaron. Las fuerzas de López derrotaron completamente a Dorrego en el sangriento combate de Gamonal, lo que terminó provocando la pérdida de su gobernación en Buenos Aires.
Durante su segunda gobernación en 1827, el notable patriota impulsó la organización del país bajo un régimen republicano y federal. Afianzó lazos estratégicos con los gobernadores del interior, y en particular, celebrando acuerdos y tratados de paz con la provincia de Santa Fe.
Al estallar el golpe militar de Lavalle, Dorrego le escribió a Estanislao López solicitándole apoyo militar. Nuestro Brigadier General le respondió que tenía las tropas santafesinas preparadas, para combatir a los unitarios cuando el federalismo bonaerense lo requiriera.
Juan Manuel de Rosas le aconsejó a Dorrego no dar batalla de inmediato, y replegarse hacia el norte rumbo a Santa Fe para reunirse con las fuerzas de López. Sin embargo, decidió, equivocadamente, hacer frente a Lavalle en la batalla de Navarro con milicias de campaña, donde fue derrotado y posteriormente fusilado.
Tras la ejecución de Manuel Dorrego, Estanislao López, con la valentía y el patriotismo de siempre, asumió la máxima autoridad militar del bloque federal junto a la Convención de Santa Fe, para combatir y derrotar a la sedición de Lavalle en Buenos Aires.

Por Gustavo Battistoni
(Politólogo y escritor firmatense)






