El empresario Alberto “Pichón” Marchetti llevó adelante una revisión de los presupuestos municipales de los últimos ocho años. Su diagnóstico muestra la pérdida de autonomía financiera para ejecutar obras y una dependencia cada vez mayor de los aportes externos.
Tras su participación en la contienda electoral del año pasado —donde fue candidato a concejal—, Marchetti entendió que cualquier propuesta seria y constructiva para la ciudad de cara a 2027 debe apoyarse en datos concretos y no meramente en deseos o consignas generales.
Con esa premisa, el dirigente decidió no limitarse a la foto estática de un solo ejercicio, sino analizar la película completa desde 2018 hasta la actualidad. Para salvar el obstáculo inflacionario y lograr comparaciones homogéneas, el estudio aplicó una conversión a moneda constante, actualizando los registros históricos al poder adquisitivo de hoy.
Según detalló el empresario local, el eje central del análisis radica en la capacidad de inversión genuina. “En 2018 el municipio contaba con recursos propios suficientes para planificar y ejecutar obras —como el histórico pavimento al parque industrial, un sector que luego no recibió nuevas partidas significativas—, el escenario actual muestra una realidad diametralmente opuesta”, señaló.
Hoy, la administración local carece de fondos propios para obras y depende enteramente de asistencias externas, como los Aportes No Retornables (ANR) provinciales. Si bien estos fondos inyectan dinero fresco, Marchetti advierte sobre la paradoja conceptual: no dejan de ser recursos extraídos de los impuestos que pagan los propios contribuyentes, administrados sin la previsibilidad que otorgan las cuentas genuinas.
Por el lado de la recaudación ordinaria —compuesta por la coparticipación automática y tributos locales como el DREI y tasas urbanas—, los números actuales se ubican en niveles similares a los de aquel año base. Sin embargo, el margen de maniobra se desvaneció debido al crecimiento de determinadas partidas de gasto corriente y a modificaciones estructurales en la fórmula de actualización de los tributos.
Los factores del desequilibrio
“Entre los elementos que dinamitaron el superávit histórico, el informe destaca el fuerte incremento en los subsidios y la asistencia a personas en el marco de normativas específicas, como la ordenanza 1020, que multiplicaron su peso relativo en las cuentas comunales”, expuso Marchetti.
Asimismo, cuestiona la incorporación de variables volátiles —como el gasoil premium YPF— al índice fiscal que regula los aumentos automáticos de tasas y servicios cada dos meses. Para el referente liberal, esta indexación automática implicó que el municipio optara por trasladar sus incrementos de costos directamente a la actividad económica y al bolsillo de los vecinos, en lugar de revisar o achicar su propio gasto en un contexto general de ajuste ciudadano.
Fondos nacionales
Pichón Marchetti aseveró que el trabajo que realizó derriba ciertos relatos arraigados en la discusión política cotidiana. “Lejos de sufrir un ahogamiento financiero por parte del Gobierno nacional, los registros muestran que la coparticipación federal se mantuvo firme, registrando incluso picos extraordinarios durante el año 2024”, indicó.
Para Marchetti, la conclusión trasciende la coyuntura económica y se convierte en una cuestión conceptual sobre el rol del Estado municipal. “Cuando un gobierno local pierde la capacidad de decidir y financiar su propio desarrollo urbanístico e infraestructura, se desdibuja su razón de ser fundamental. El interrogante que deja este minucioso recorrido presupuestario es, en última instancia, hacia dónde se dirige la ciudad cuando la gestión se queda sin margen propio para crecer”, concluyó.

Redacción/Fuente: El Correo
(Cooperativa de Trabajo desde 2017)






