Tras su destacada participación en el Salón Internacional de Arte en el Carrousel du Louvre de París, el escultor firmatense Elián Varela compartió con El Correo su balance sobre un fin de semana consagratorio. Radicado en Francia y recientemente declarado Embajador Honorífico de Firmat, Varela repasó la enorme repercusión de sus obras, las propuestas para llevar su trabajo a nuevos países y el singular clima que se vivió en la capital francesa durante el evento.

La cita parisina superó todas las expectativas en visibilidad y proyección profesional. En el marco de la Semana del Arte de París, el Salón Internacional en el Carrousel du Louvre reunió 300 stands de galerías provenientes de cincuenta países, entre los cuales el espacio del firmatense se convirtió en uno de los puntos de mayor atracción para la prensa especializada y el público.

“La verdad que estoy muy contento por la repercusión que tuvieron mis esculturas. Vino prensa de Japón, de Estados Unidos y gente de Suiza que me hizo reportajes”, destacó Varela sobre la atención recibida por los medios internacionales.

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Uno de los momentos más significativos de la jornada ocurrió durante el cierre de la exposición, cuando las autoridades máximas del salón se acercaron personalmente a su espacio para conocerlo y retratar su trabajo.

“El presidente de toda la organización del salón fue al stand de Argentina especialmente a sacarle fotos a mi obra, a presentarse y a conocerme. Mi obra fue seleccionada entre otras para utilizarla como promoción del evento del próximo año”, reveló sobre el reconocimiento institucional obtenido.

Proyección internacional y concientización ambiental

El impacto de su paso por el Louvre ya comenzó a traducirse en proyectos concretos para el ciclo 2027. La interacción con galeristas y colegas de diversos continentes le abrió las puertas a nuevos escenarios en el viejo continente y América.

“Estar ahí me abrió muchísimas puertas. Vinieron galeristas y artistas de otros países; hay distintas propuestas para exponer en Italia, Suiza y Portugal. Para el año que viene estoy organizando todas estas cosas”, anticipó el escultor.

La exigencia del evento y el permanente contacto con su entorno en Argentina marcaron el ritmo de jornadas intensas, donde el descanso quedó en segundo plano frente a la emoción del momento.

“Fue un evento muy lindo, la adrenalina que te genera y el cambio de horario hacían que me sigan llamando y mandando mensajes a las 3 de la mañana. Me dormía cuando el teléfono se quedaba sin batería y a las 8 ya estaba arriba, pero era estar todo el tiempo ahí en el salón”, contó sobre la dinámica vivida.

En el plano artístico, Varela exhibió dos piezas centrales que despertaron lecturas complementarias según el origen del público: una dedicada a las Islas Malvinas y otra inspirada en la mítica Victoria de Samotracia.

“Llevé dos obras. Para todos los argentinos y sudamericanos, enseguida reconocían las Islas Malvinas y les interesaba muchísimo. El público europeo y la prensa venían más por la otra obra, la Nike, que es muy icónica y reconocida dentro del museo”, explicó sobre la recepción de sus esculturas.

Más allá de la figura y el concepto, el proceso de elaboración a partir de metales reciclados y la técnica empleada generaron sorpresa entre los especialistas y visitantes que se acercaron a dialogar con el autor.

“Se sorprendían cuando les decía que era metal reciclado, que era chapa, porque mucha gente pensaba que era fundición. Les llamaba la atención cuando contaba cómo rescataba los metales de desarmaderos y la búsqueda de concientizar sobre el cuidado del medio ambiente”, detalló.

Un contexto particular y la agenda que sigue

Esta impronta ecológica cobró especial relevancia al vincularse con la problemática hídrica que afecta actualmente a la región de Bretaña, donde reside el artista, un aspecto que atrajo la cobertura de medios norteamericanos.

“Estamos pasando por una emergencia hídrica en Bretaña, algo histórico en una zona donde siempre llovió. Esta obra, al evitar el uso de agua que requiere la fundición tradicional, buscaba concientizar sobre el recurso. La prensa de Estados Unidos vino justamente por ese enfoque medioambiental”, remarcó.

La trastienda del fin de semana estuvo cruzada por un contexto atípico en París, donde las severas medidas de seguridad y las manifestaciones en las afueras dejaron postales surrealistas en los alrededores del museo.

“El sábado fue muy raro. El museo estaba cerrado y vallado, pero el salón se hizo igual. Entrábamos por una puerta pequeña y caminábamos solos hasta la pirámide invertida; todo el centro y los transportes estaban vacíos. Los inconvenientes estuvieron concentrados en la periferia”, aclaró para llevar tranquilidad sobre el desarrollo de la muestra.

Sin pausas en su agenda, el escultor firmatense ya se encuentra abocado a sus próximos compromisos en la escena europea, que incluyen salones regionales y muestras individuales de gran relevancia.

“Llegué a la madrugada y ya estoy terminando una obra para hacer el montaje del Salón de Arte en Rennes, que empieza esta semana. Somos 40 escultores y soy el único extranjero. Después, el 20 de noviembre, se viene la presentación en Barcelona”, concluyó Varela sobre el intenso camino que continúa recorriendo.

Por Manuel Carreras

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