En vísperas del Día de la Madre, la historia de Noelia —oriunda de Los Quirquinchos— surge con la fuerza de quien dio vida dos veces. Hace casi tres años, cuando su hijo León enfrentó una enfermedad renal severa, ella no lo dudó un segundo y se convirtió en su donante. Hoy, desde su rol como comunicadora y docente, esa entrega en primera persona se transformó en un mensaje directo sobre la donación pediátrica, el valor de la comunidad y los matices de la maternidad.

“Durante mucho tiempo, la donación fue para mí una realidad ajena, hasta que fue mi hijo el que necesitó un trasplante para seguir viviendo”, reflexionó Noelia, en conversación con El Correo. Desde esa vivencia límite, insiste en que el compromiso no puede aparecer solo ante la urgencia: “Las infancias son responsabilidad de todos. Entendí que nuestro dolor podía transformarse en una acción concreta para abrir conversaciones, derribar prejuicios y acercar información a lugares donde nunca antes se había pensado esta realidad”.

Ese esfuerzo por comunicar y dar a conocer encontró un abrazo colectivo en su pueblo natal, donde cada año se organiza una maratón de concientización que ya va por su cuarta edición este 31 de octubre. “Los Quirquinchos es mi lugar en el mundo. Ser testigo de cómo mi pueblo abrazó la historia de León y la transformó en una causa comunitaria me llena de orgullo. Demuestra que la solidaridad también puede construirse como identidad”, destacó.

El próximo 7 de noviembre se cumplirán tres años de la cirugía, y el presente de su hijo de 7 años refleja el valor de cada paso dado. “León es mi revolución. Nuestra revolución. Durante mucho tiempo nuestra vida estuvo organizada alrededor de máquinas e internaciones; hoy está organizada alrededor de juegos, controles, amigos y cumpleaños. Y eso es invaluable”, compartió con emoción a este medio.

En este marco especial, Noelia no olvida los momentos difíciles ni a su hijo mayor, el Mago (12 años), quien creció acompañando el proceso de su hermano: “Con la enfermedad devino una maternidad que nunca imaginé, atravesada por el miedo y por decisiones difíciles. Aprendí que la maternidad también está hecha de contradicciones, de culpas involuntarias y de intentos permanentes por estar”.

Al mirar hacia atrás y recordar a la Noelia que esperaba con incertidumbre en el pasillo de un hospital, su conclusión se aleja de cualquier etiqueta heroica para abrazar lo puramente humano: “La abrazaría mucho por todas las veces que tuvo que mostrarse fuerte estando asustada. Creo que la maternidad, lejos de convertirme en una ‘guerrera’, me hizo profundamente consciente de mi vulnerabilidad y de la necesidad fundante de construir tribu y aprender a dejarme sostener”.

Por Manuel Carreras

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