La pasión por los Torinos y la gesta de 1969 llevaron a Jorge Baste y su hijo Sebastián, oriundos de Firmat, a emprender una hazaña propia: la Misión Argentina II. Este viaje no fue una simple aventura, sino un homenaje al equipo de Juan Manuel Fangio y Oreste Berta que en 1969 demostró al mundo el talento de la industria automotriz argentina.
Un sueño forjado por la casualidad
Todo comenzó como una broma. Unos amigos le contaron a Jorge que el expiloto de TC, el Tano Salerno, quería ver su Torino. Jorge, dueño de una réplica de uno de los autos de 1969, decidió seguir el juego. Cuando Salerno vio el vehículo, lo desafió: “¿Por qué no lo llevas a Nürburgring?”.

El comentario prendió una chispa en Jorge. Sabiendo que ninguno de los Torinos originales de la misión había regresado a Argentina, y sin registros de otra réplica que hubiera viajado al Infierno Verde, él y su hijo se propusieron hacer historia. Un grupo de diez amigos de distintas localidades de la región (Venado Tuerto, Melincué, Elortondo, Hughes, Comodoro Rivadavia, Rosario y Firmat) se unieron para planear el viaje.

El rugido del “Toro” en la pista legendaria
La principal meta del viaje era rendir un humilde homenaje a los que participaron en la Misión original. Lo que no esperaban era la increíble acogida que el Torino recibió en Alemania. Lo que empezó como una vuelta para una foto, se convirtió en un desfile ovacionado. El público, desde las tribunas naturales del circuito, saludaba y aplaudía.

La conexión fue inmediata. Las personas se congregaron alrededor del auto, pidiendo que Jorge diera más vueltas. Incluso Stefano, un alemán con un Porsche de 600 caballos, se ofreció a llevarlo a dar una vuelta. Después, cuando Jorge le prestó su Torino, la reacción fue memorable. Al bajarse, Stefano se tiró al piso, asombrado de cómo se podía manejar a grandes velocidades un auto sin las comodidades de un vehículo moderno.

El viaje de Jorge y su grupo es un testimonio de cómo la pasión trasciende fronteras y demuestra, una vez más, que los sueños de un taller en Firmat pueden resonar en una pista de carreras del otro lado del mundo.



Por Manuel Carreras









