Por un Día de la Madre que celebre todas las formas del amor, compartimos la emotiva historia de Carla Pietromica, integrante de la ONG firmatense Abrigo, para quien ser mamá fue una certeza desde el primer momento.
“Es el camino que elegí para ser mamá: por medio de la adopción”, reflexiona Carla con la serenidad de quien ha transcurrido un recorrido largo, hondo y transformador. Hoy, la vida la rodea con el bullicio de tres hijos adolescentes —Abril, Benjamín y Jazmín— y con la huella imborrable de haber abierto los brazos y la casa como mamá de acogida y solidaria.
La historia de Carla y Mariano no se improvisó. Se tejió en los primeros años de noviazgo, cuando supieron que la biología no sería el puente para traer hijos al mundo. Lejos de rendirse o de deambular por consultorios médicos, encauzaron el deseo hacia la adopción con absoluta claridad.
Corría el año 2003, una época con otros tiempos y otros trámites. “Nuestro casamiento, si bien salió desde el amor y las ganas de celebrar, también era un requisito importante en ese momento para presentar los papeles. Nos inscribíamos en el nodo de Venado Tuerto. No fuimos a obstetras ni a ginecólogos, pero hicimos todo otro camino muy importante, lleno de carpetas, papeles, charlas con psicólogos y mucha ayuda”, rememora.
Fueron más de nueve meses de espera; fueron años de gestar desde el deseo. Dos años después de dar el “sí”, llegó Abril. Luego vendrían los tres hijos que siempre soñaron, completando el mapa de una familia numerosa y luminosa.
Un amor sin etiquetas
El espíritu maternal de Carla desbordó las fronteras de la adopción legal para abrazar también la acogida temporal. Una labor solidaria donde las definiciones formales quedan chicas ante la inmensidad del afecto.
“Siempre decimos que no son nuestros hijos cuando somos mamás de acogida o solidarias, pero la verdad es que es muy difícil no tratarlos como tal, porque se les da el mismo amor que a Abril, a Benja y a Jazmín. Son mis hijos. Parece una obviedad, pero la realidad es que son lo más importante que tengo en esta vida”, afirma con emoción.
El reto cotidiano
Hoy la casa vibra con las dinámicas de tres adolescentes. Distante de las postales edulcoradas y los clichés románticos sobre la maternidad, Carla reivindica la honestidad de la crianza real.
“Agradezco que hoy se le saque el romanticismo a la maternidad. Cuando son bebés es todo divino, pero a medida que crecen hay muchos desafíos. Siempre es difícil ser mamá. A veces siento que me falta paciencia o me cuesta ser más abierta, como me pide Abril, pero todos los días aprendo de ellos”, confiesa.
En este Día de la Madre, la historia de Carla Pietromica recuerda que la maternidad no es un destino biológico, sino una entrega cotidiana; una construcción basada en el amor incondicional, la generosidad y la hermosa aventura de aprender, de por vida, de los hijos.

Por Mariano Carreras







