Una de las amistades más significativas y desconocidas por los santafesinos fue la breve, pero sustantiva, relación epistolar que existió entre Martín Miguel de Güemes y Mariano Vera. El salteño es considerado, con toda razón, uno de los grandes próceres de nuestra historia. La memoria histórica no es tan amable con nuestro gobernante provincial, que a pesar de ser una de las figuras del naciente Federalismo Rioplatense, no ha merecido la atención que su denuedo republicano amerita.
Juan Manuel de Rosas describió con agudeza a Mariano Vera, llamándolo “el empecinado”. El Dictador de Santos Lugares, se lo adjudicó porque “vivió y murió luchando”. Su existencia, como la de Odiseo, fue un viaje existencial que tuvo siempre como objetivo, la vuelta al amado terruño. José Carmelo Busaniche, en la segunda serie de Hombres y hechos de Santa Fe, ha realizado una bella semblanza de este prócer santafesino.

Figura central en los primeros años de la autonomía de la provincia, desempeñándose como Gobernador tras la expulsión de las fuerzas del Directorio. Junto a Cosme Maciel y otros patriotas, fue uno de los principales agentes de la revolución de marzo de 1816, mediante la cual las milicias locales y las tropas orientales se sublevaron contra el Ejército de Observación.
Como Gobernador, mantuvo una firme postura frente al Directorio. En mayo de 1816, se firman los tratados celebrados con los enviados porteños que reconocían la autonomía de Santa Fe, que como ocurrió habitualmente Buenos Aires desconoció. En julio de ese año, comenzó otra vez el asedio terrestre y naval contra la Provincia. Mantenía, por este motivo, una estrecha coordinación con José Gervasio Artigas, informándole sobre los movimientos militares y sobre la persecución de sublevados como Hereñú.
Mariano Vera fue quien le otorgó a López sus ascensos militares más significativos durante este período, ascendiéndolo a Comandante de Armas de la Provincia. La confianza que depositaba en él era tal que, cada vez que debía ausentarse de la ciudad, le delegaba el mando interino del gobierno. Durante las duras campañas de principios de 1818, el futuro Brigadier General, operaba bajo sus órdenes directas, rindiéndole continuos partes de situación desde los destacamentos.

Leoncio Gianello en su Historia de Santa Fe, dice con respecto a su obra como gobernante: “La actividad gubernativa de Mariano Vera es provechosa y progresista. El gobernador se preocupa por el fomento de la instrucción y acuerda con el Cabildo la instalación de una escuela en el convento de los mercedarios; vela por la paz de la ciudad y para protegerla va a las fronteras, inspecciona los fortines, refuerza los destacamentos”.
Es de resaltar por su carácter de legislación de avanzada, la resolución establecida el 14 de mayo de 1817, disponiendo que todo esclavo que quisiera liberarse, lo consiguiera abonando al propietario solo las dos terceras partes de su tasación legal. El Estado pagaba la tercera parte restante, lo que ponía a Santa Fe en la vanguardia de la lucha contra la esclavitud.
Conflictos internos lo llevaron al ostracismo en 1818, radicándose en Buenos Aires y en Entre Ríos, más esto no lo alejó de su amor por la provincia que lo tuvo como el jefe supremo. El fusilamiento de Domingo Cullen a manos de Juan Manuel de Rosas, lo llevó a la convicción de que era hora de volver a luchar por la libertad de Santa Fe.
En consonancia con Pedro Ferré, que le suministró los elementos para la liza y aliándose en esa coyuntura con la Comisión Unitaria, se dirigió hacia la Invencible para que esta volviera a ser una provincia independiente del centralismo porteño. En compañía de un gran amigo de los santafesinos, Francisco Reinafé, avanzó sobre su anhelado territorio, siendo víctima de una traición y posterior muerte.
Jorge Newton en su biografía Francisco Reynafé, nos dice sobre el final de ambos eminentes Federalistas: “Mariano Vera cae atravesado a lanzazos. Francisco Reynafé alcanza la orilla del Río y se arroja al cauce del mismo, montado a caballo”.
Martín Miguel de Güemes, como decíamos, es una figura mucho más conocida por los argentinos. Líder militar brillante y defensor inquebrantable de la frontera Norte de las Provincias Unidas, fue poseedor de aptitudes para la guerra de guerrillas que significaron una enseñanza invalorable para los Caudillos de su época.
Hacia 1820, Güemes se había convertido en el árbitro indiscutido de Salta y Jujuy. Aunque estrechó una alianza política con Juan Bautista Bustos, se diferenció de los caudillos del Litoral y su política, inclinándose más bien a colaborar con Buenos Aires. Su visión estratégica trascendía el ámbito local, su gran proyecto era reunir un Congreso en Catamarca y organizar un ejército expedicionario que penetrara en el Alto Perú para auxiliar la campaña continental del General San Martín.
Su figura era tan amada por los gauchos que, obedeciendo ciegamente las últimas órdenes de su jefe moribundo, se levantaron en masa y forzaron a los españoles a evacuar la provincia de forma definitiva. Su trágica muerte el 17 de junio de 1821, no hizo bajar los brazos al pueblo en armas patriota, sellando para siempre la independencia de la frontera norte de la República Argentina.
El General José María Paz en sus Memorias Póstumas, afirma sobre Martín Miguel de Güemes: “…era adorado de los gauchos, que no veían en su ídolo sino al representante de la ínfima clase, al protector y padre de los pobres, como lo llamaban, y también porque es preciso decirlo, al patriota sincero y decidido por la Independencia: porque Güemes lo era en alto grado. Él despreció las seductoras ofertas de los generales realistas, hizo una guerra porfiada, y al fin tuvo la gloria de morir por la causa de su elección, que era la causa de la América entera”.
En el intercambio epistolar que mantuvo Mariano Vera con Martín Miguel de Güemes, y el Cabildo de Salta, se revela su ideario político y su visión sobre la organización del país, y su fuerte conflicto con el gobierno de Buenos Aires. Como Gobernador, el santafesino viajó a la Banda Oriental para comprobar la situación real de las fuerzas de los Pueblos Libres, informándole a Güemes que Artigas mantenía un ejército numeroso y con buena disciplina militar en Purificación. Con esto, buscaba desmentir los rumores impulsados por sus enemigos, que afirmaban que las tropas Orientales se encontraban en un estado de debilidad.
Mariano Vera sostenía en sus oficios que Santa Fe deseaba una unión verdadera, y estaba dispuesta a colaborar a la causa americana y a reconocer a las autoridades nacionales, pero se negaba a someterse a la opresión y a la humillación que el Directorio quería imponerle. Más tarde, celebró y le comunicó a Güemes la derrota que sufrieron las fuerzas enviadas por Buenos Aires a Entre Ríos.
En febrero de 1818, Vera intentó forjar una alianza estratégica con Güemes enviando a un diplomático de su total confianza, el oficial Manuel de la Torre y Vera. El emisario tenía plenos poderes para acordar cómo, cuándo y dónde Santa Fe podría enviar auxilios a Salta para ayudar a repeler a las fuerzas realistas, buscando unir las fuerzas de los pueblos para presentar una defensa más vigorosa.
Sin embargo, a pesar de las expresiones amigables previas, Güemes rechazó a este enviado. La intriga contra los Federalistas había ganado otra vez la batalla, recomenzando el derramamiento de sangre hermana. El tomo 5 de los papeles de Martín Miguel de Güemes, editados por la editorial Plus Ultra y la Correspondencia oficial 1817-1818, editada por el Archivo Histórico de Santa, dan cuenta de este importante intercambio epistolar.
El pensamiento político de Mariano Vera es una de las expresiones más cabales y profundas del federalismo rioplatense, y consideramos que todavía hoy tiene plena vigencia. Dice en su correspondencia a Martín Miguel de Güemes, fechada el 25 de diciembre de 1817: “El pueblo de Santa Fe es una de las provincias de la unión que gobernada por sí coadyuvará, como ya lo ha hecho, con todos sus esfuerzos a la causa americana y cuanto conduzca al adelantamiento común. El pueblo de Santa Fe reconocerá las autoridades legítimamente constituidas por los demás, luego que sea garantida su libertad por ellas mismas y se halle en estado de no ser invadida por algunos de los otros pueblos de la Unión”. Y termina planteando: “Concluiremos con decir que Santa Fe intenta y quiere, con todo su esfuerzo, la verdadera unión que nos haga a todos proporcionablemente felices, y que, en su defecto, se halla dispuesto a terminar con honor su existencia política antes de condescender con una humillación que en nada conduce a los grandes intereses de la causa general”.
La amistad patriótica entre el Gobernador santafesino y Martín Miguel de Güemes, unos de los próceres máximos de nuestra historia nacional, debe ser conocida y estudiada por las nuevas generaciones. Son un ejemplo inmarcesible a seguir en estos momentos de confusión e incertidumbre.
Mariano Vera, como Ulises, se ausentó de su tierra amada por más de veinte años. A diferencia del evocado poéticamente por Homero, no pudo volver a disfrutar de su Ítaca, la Provincia de Santa Fe. Sin embargo, vive en el Olimpo de los más grandes santafesinos.

Por Gustavo Battistoni
(Politólogo y escritor firmatense)






