En su libro Episodios de la Guerra de la Independencia, el Coronel Manuel de Olazábal, nos anotició de una carta de Estanislao López de 1823, que salvó la vida del Libertador de América. En un momento de su relato, comenta:”La letra de esa comunicación, según ha podido cerciorarse después, era de puño de Don Domingo Cullen, íntimo amigo y director del gobernador López. Este señor Cullen (a) Correo Botella, español de nacimiento, empleado en el gobierno de la Plaza de Montevideo, en 1813 y 1814, fue en aquella fecha un distinguido patriota que prestó importantes servicios a la causa de la libertad”.
Está claro entonces, que Domingo Cullen, considerado por el Coronel Olazábal como un patriota, colaboró para salvar la vida del más grande de los argentinos. Hombre de acción, astuto diplomático y de convicciones republicanas, dejó una marca profunda en la historia de la Confederación Argentina, oponiéndose tenazmente al falso federalismo de Juan Manuel de Rosas.
La historia americana de Domingo Cullen comenzó en septiembre de 1811, cuando un joven de veinte años, desembarcó en la bahía de Montevideo. Nacido en Tenerife en 1791 en el seno de una familia de origen irlandés, pronto se apasionó por los ideales de la Revolución de Mayo. En medio del duro sitio que sufría la ciudad, arriesgó su vida redactando despachos secretos sobre la situación de la plaza realista; los introduce en botellas de vidrio y los arroja a las olas para que el viento y la corriente los lleven hasta las líneas patriotas. Descubierto por las autoridades españolas, padeció encarcelamiento, privaciones y enfermedad hasta la caída de la ciudad en 1814.
Al recobrar la libertad, se convirtió en comerciante y armador fluvial. Al mando de su sumaca La Veloz del Sud, recorrió los ríos Paraná y Uruguay transportando mercaderías, ayudando a las tropas de la causa emancipadora y entablando una estrecha amistad con Estanislao López. Afincado definitivamente en Santa Fe, formó su hogar y se convirtió en el hombre de confianza y Ministro de Gobierno del Invencible Brigadier General.
Cuando la Banda Oriental quedó bajo la ocupación extranjera, actuó como comisionado ante el gobierno de Santa Fe para solicitar auxilio en favor de sus vecinos montevideanos. En Buenos Aires escribió y publicó su folleto Vindicación del Honor Vulnerado (1823), para defender la causa patriota.
El historiador rosarino Félix Chaparro, en su olvidada biografía, Don Domingo Cullen, afirma acertadamente: “López y Cullen eran federales de corazón y convicción. Consideraban al sistema federal como el más adecuado para la organización del país y por él luchaban de buena fe y sumaban todos sus esfuerzos. López, rudo pero sagaz, con una experiencia que lo capacita para el conocimiento de los hombres; Cullen, talentoso, culto y diplomático de nervio, no podían llamarse a engaño sobre las verdaderas intenciones del gobernador de Buenos Aires”.
En 1831 firmó en representación de Santa Fe el trascendental Pacto Federal y asumió la presidencia de la Comisión Representativa de las provincias. Desde allí promovió incansablemente la convocatoria a un Congreso General para organizar constitucionalmente la República, chocando de frente con la política centralista de Buenos Aires.
Salvador M. Dana Montaño, en su obra Domingo Cullen. Santa Fe y la Organización nacional (1818-1838), muestra su extraordinario aporte al Pacto Federal: “Es Domingo Cullen quien redacta, según informe del General Ferré a su gobierno (del 13-VIII), el artículo que crea la Comisión representativa de los gobiernos del Litoral, con sede en Santa Fe, y cuya misión principal había de ser invitar a las demás provincias a un Congreso Nacional…”.
Observa José Luis Busaniche, en su libro Domingo Cullen, sobre su labor como eficaz ministro: “Domingo Cullen, en Santa Fe, como Ministro de López, considerada su época y su ambiente, cumple una labor excepcional. Es activo y fecundo. Bajo su influencia va adquiriendo estructura y jerarquía la administración. Ordena las finanzas, organiza la percepción de la renta, encara el problema de los intereses rurales”.
En 1838, ante el bloqueo naval francés que ahogaba el comercio del Río de la Plata, López envió a Domingo Cullen a Buenos Aires en misión diplomática para intentar una solución pacífica que protegiera los intereses del Litoral. Sin embargo, sus gestiones independientes despiertan el recelo y la hostilidad de Rosas.
En medio de estas difíciles negociaciones, falleció Estanislao López. Abatido por la muerte de su gran amigo y protector, asumió la gobernación provisoria de Santa Fe, pero las intrigas y amenazas militares promovidas desde Buenos Aires lo llevan a renunciar para evitar el choque armado entre provincias hermanas.
En la biografía antes citada, afirma José Luis Busaniche sobre la posición santafesina ante el bloqueo francés: “López, Cullen y Leiva, consideraron el asunto en todos sus alcances y vieron claro desde un principio. Advirtieron que la cuestión no tenía el carácter nacional que Rosas pretendía atribuirle, posiblemente con vistas a una mayor dominación política. El general Rosas mantenía, y nada más, las relaciones exteriores de la Confederación, como gobernador de Buenos Aires, pero eso no lo autorizaba para complicar a las provincias en disputas de carácter internacional, y en defensa de leyes locales. Si no existían poderes y autoridades nacionales, la responsabilidad correspondía al gobierno que retiró, el primero, su diputado a la comisión representativa de Santa Fe. El asunto se vinculaba al problema de la organización nacional, que constituía para Cullen, constante preocupación”.
Buscando tranquilidad para su familia ante la persecución del Dictador de Santos Lugares, se refugió en Santiago del Estero bajo el amparo del gobernador Felipe Ibarra. No obstante, Rosas exigió de manera inflexible su entrega. Arrestado y cargado de cadenas, es conducido en un incómodo coche de sopandas a través de los caminos del interior hacia Buenos Aires.
El 21 de junio de 1839, al llegar a la Posta de Vergara, cerca del Arroyo del Medio, los oficiales le comunicaron la orden fatal de fusilamiento. Con serena entereza moral, Domingo Cullen escribió una emotiva carta final a su esposa Joaquina y a sus hijos, dispuso de sus asuntos temporales, recibió los auxilios espirituales y avanzó con temple hacia el piquete de ejecución en el silencio de la Pampa.
El Federalismo argentino le debe a uno de sus mejores hijos, que dio su vida por la unión nacional y protegió al Libertador de América, el merecido homenaje que aún no se le ha otorgado, acorde a su inmarcesible aporte a la constitución de la República Federal.

Por Gustavo Battistoni
(Politólogo y escritor firmatense)






