JUAN B. JUSTO Y EL COOPERATIVISMO

Una de las tantas falacias que circulan por las redes con acento austriaco y liberticida, es la apologética afirmación de que el capital es el fundamento del desarrollo económico. Carlos  Marx sostiene, al contrario, que el trabajo asalariado es la condición para la existencia del capital: dado que solo posee su fuerza de trabajo, el obrero accede a su salario si acepta entregar gratis plus-trabajo al capitalista. Dentro de esta perspectiva podemos entender la concepción cooperativista y proletaria de Juan B. Justo.

Fue el fundador del Partido Socialista Argentino, un propagandista y animador intelectual insobornable. Afirma certeramente Enrique Dickmann: “La cooperación libre debe al  Doctor Justo su teoría y su práctica. Él le dio sus bases fundamentales con una legislación en la materia no superada en ningún otro país. Justo veía en la acción económica del pueblo- pues tal es la cooperación libre- un paso más avanzado en su emancipación que en la acción coercitiva del gremialismo proletario”.

Para Juan B. Justo, el cooperativismo libre no es simplemente una forma de hacer negocios, sino una solidaridad de clase social para transformar la realidad. Es el campo donde los trabajadores dejan de ser piezas de una maquinaria ajena para convertirse en los arquitectos de su propio destino, desarrollando aptitudes para organizar y dirigir la producción y el consumo por sí mismos. Las funciones de dirección no exigían “la propiedad privada de los medios de producción, ni otro privilegio”. La acumulación cooperativa, a diferencia de los trusts, era con fines de uso, no con fines de ganancia, una atalaya contra los monopolios y un factor de progreso técnico-económico.

Para Justo, la cooperación no era un concepto monolítico, sino un diamante que reflejaba múltiples facetas, cada una con un significado profundo. Inseparable de su profunda raíz socialista, Justo la entendía como un método esencial para la emancipación de los trabajadores. Concebía el socialismo no como un evento futuro, sino como una realidad que se gestaba progresivamente dentro de la sociedad capitalista, a través de la lucha incansable de los trabajadores. En este combate, la cooperación, particularmente la de consumo, era una herramienta insustituible para la construcción del mundo nuevo. Aunque abierto a la participación de diversos estratos sociales, para él, la cooperación era, ante todo, uno de los métodos de la emancipación obrera.

 Sus escritos, recopilados en volúmenes como La Cooperación libre, son referencias ineludibles sobre el tema. Entre esos textos se destacan su conferencia de 1897 en el Centro Socialista Obrero, con el título de Cooperación Obrera; el capítulo 12 de su obra  Teoría y Práctica de la Historia, titulado La Cooperación Libre y ejerciendo la diputación, los fundamentos de su proyecto de Ley de 1921.También debemos nombrar su artículo de 1927, La ley sobre cooperación y las sociedades populares de crédito, aparecido un mes antes de su óbito. 

En estas páginas, forjó distinciones esenciales: entre el trabajo técnico y el trabajo económico, y entre la empresa capitalista y la empresa cooperativa. Con esta distinción  desentrañó la esencia del trabajo técnico (la manipulación del medio físico-biológico), del trabajo económico (la organización y dirección de los hombres). Mientras el trabajo técnico era universal, el trabajo económico, históricamente, había permanecido en manos de una minoría privilegiada, los capitalistas y banqueros.  En las cooperativas los trabajadores se elevaban a la categoría de productores a la vez técnicos y económicos, asumiendo el timón de su propio trabajo. Esto tornaba superfluos a los empresarios capitalistas y permitía a los trabajadores dirigir sus vidas sin injerencias externas. La producción cooperativa, en su visión, se distinguía como producción para el consumo organizado, un contrapunto a la anarquía de la producción capitalista movida por la mera ganancia.

Afirma en Teoría y Práctica de la Historia: “Frente a la cooperación forzada que le impone la dirección capitalista, la clase trabajadora ejercita y desarrolla sus aptitudes para organizar y dirigir por sí sola la producción, practicando en escala creciente la creciente cooperación voluntaria en la acción económica. La cooperación libre es la solidaridad para hacer, y exige de los asociados un grado mucho más alto de capacidad histórica que la acción negativa en las huelgas; es el campo en que los proletarios adquieren derechos y contraen obligaciones entre sí, entre iguales; es para ellos, permanentemente sujetos a la relación extorsiva del salario, la primera ocasión de un verdadero contrato. Y si bien participan en la Cooperación libre elementos de distinta posición social, ella es ante todo uno de los métodos de la emancipación obrera, una de las modalidades de la moderna lucha de clases.

Y continua planteado: “No actúa en ella la clase trabajadora como asalariada, sino como consumidora, empleadora y productora, como dueña de los medios de producción”.

 Más allá de la defensa de un ideario, fue un hombre de acción, un pionero del cooperativismo por estos lares. Su legado más palpable fue El Hogar Obrero, una de las cooperativas de consumo más importantes de nuestra historia, cuyo consejo de administración presidió durante sus primeros cinco años, entregándola luego a sus discípulos cuando la vio consolidarse. Lamentablemente, sus continuadores no obraron con la misma prudencia y honestidad del fundador del socialismo argentino. No menos trascendente fue su rol como legislador del cooperativismo, siendo, como afirma Mario López Dabat, el verdadero padrede la Ley 11.388, promulgada en 1926, que halló sus cimientos en el proyecto de ley Reglamentación de las sociedades cooperativas, que Justo presentó como Diputado en 1921.

La cooperación es libre porque nace de la voluntad y no de la imposición del Estado ni de la dirección capitalista. Sostiene, reiteramos, que en este movimiento, el pueblo trabajador no actúa como asalariado, sino como dueño de los medios de producción, atenuando la desposesión que sufre en el sistema tradicional.

Mientras que las empresas capitalistas persiguen la ganancia y el dinero, la cooperación busca la satisfacción de las necesidades, es decir, el servicio técnico y el valor de uso de los productos.

Se trata de unir la sencillez de la economía primitiva con la precisión y fuerza de la tecnología moderna para satisfacer necesidades reales, no para alimentar la especulación.

 Destaca que la cooperación de consumo es la forma más madura y exitosa. Al organizarse para comprar, los trabajadores eliminan a los intermediarios parasitarios, obteniendo artículos más baratos y de mejor calidad, lo que eleva su nivel de vida intelectual y material. Es un aprendizaje práctico: si pueden manejar colectivamente un almacén, pronto podrán manejar la producción entera.

 La cooperación de producción aspira a realizar el ideal de que el trabajo sea el que determine la participación en los beneficios y la dirección de la empresa. Aunque reconoce que es un camino difícil debido a la competencia y la necesidad de capital, la ve como la emancipación definitiva del trabajador manual, que deja de ser un simple instrumento del capital. El cooperativismo libre no busca privilegios para sus fundadores, sino una puerta abierta para que cualquier trabajador se sume, bajo la regla de “un socio, un voto”, garantizando así una democracia real y un espíritu igualitario.

Las ideas de Juan Bautista Justo presentan al cooperativismo como un método de lucha de clases moderno que prepara a  los trabajadores para administrar la riqueza social sin necesidad de una clase dominante que lo tutele. Lección imprescindible de soslayar en este presente de feroz codicia e individualismo propagado desde las esferas del poder. 

Por Gustavo Battistoni
(Historiador y escritor firmatense)

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