
El actual gobierno desde su llegada al poder ha puesto el acento en destruir la educación pública y el sistema científico argentino. Las Universidades, el CONICET, la Educación Técnica, etc., sufren los embates de una administración presidida por un soez plagiario, que no tiene ningún reparo en copiar textos ajenos adjudicándoselos como propios. En este contexto, la figura de Juan Bautista Justo, eminente médico y reformista social, toma dimensiones formidables. Comprendió con lucidez que la salud de un país no solo reside en la curación de los cuerpos, sino, y quizás con mayor importancia, en la elevación cultural de sus habitantes.
Enrique Dickmann, uno de sus principales discípulos, expone su ideario cultural: “La educación cultural del proletariado ocupaba un lugar muy importante en las preocupaciones sociales de Justo. El desarrollo intelectual de la masa popular, la divulgación de verdades científicas, la difusión de emociones estéticas, la literatura, la poesía, la canción revolucionaria, la música, el himno, el concierto, la danza, el cuadro dramático, el coro, el cuadro pictórico y la caricatura política- la múltiple y compleja obra cultural del pueblo- fue desvelo constante del doctor Justo. A ello contribuía con su iniciativa y acción personal. No concebía un mundo mejor sin una sólida cultura del pueblo”.

Su concepción de la educación no era meramente académica, sino una filosofía de la praxis, y una consciente estrategia política para transformar la sociedad argentina. Había en él, como sugiere José Aricó, algo de gramsciano, en su concepción de las ideas como elementos de hegemonía cultural. Mario Bunge, en su obra Filosofía para médicos, afirma que la epistemología de un galeno tiene un fundamento realista y sistémico. Juan B. Justo, partidario del realismo filosófico, sabía que las dolencias sociales exigían una política concreta, centrada en la producción material, en las luchas sociales y en la educación para “curar” el “cuerpo colectivo”. Era importante introducir en las mentes, ideas y valores, que les permitieran a todos, y a cada uno, ser el protagonista de su propia existencia.
Ese profundo afán por mejorar la condición social de la clase trabajadora, se manifestó en su constante impulso por lo educativo desde el parlamento argentino. Proyectos de ley, siendo diputado de la nación, como la necesidad de fundar escuelas primarias en todos los lugares del país en donde hubiera 20 o más niños en edad escolar, del año 1913; o como senador nacional, en 1927, exigiendo que se destine el sobrante de la Caja de Conversión para la edificación de escuelas, muestran su denuedo por la elevación intelectual de los oprimidos.

Defensor de la ley de educación común 1420, como afirma en su libro más importante, Teoría y Práctica de la Historia: “Ninguna función más importante para la democracia obrera que la Educación común. Con su técnica cambiante, con su economía cada vez más vasta y compleja, con su difusión de la actividad política, no cabe en la sociedad moderna el desarrollo normal del más modesto individuo sin la instrucción que lo habilite para adaptarse a la evolución técnico-económica y para entenderse con otros hombres mediante la palabra escrita”.
Apoyó con ahínco la Reforma Universitaria; legándonos su folleto El conflicto Universitario en Córdoba, para comprender su mirada moderna, pero también crítica en muchos aspectos sobre la situación en los claustros. A pesar de haber sido un alumno y docente brillante, el conservadurismo académico fue muy injusto con su figura. El historiador santafesino Lautaro Bruera ha realizado aportes significativos para la comprensión de las luchas de Juan B. Justo, y de los estudiantes e intelectuales con sus contribuciones al acervo cultural.

Aunque creía en el papel imprescindible del Estado en materia cultural y educativa, era partidario también del aporte de una sociedad civil educada, y enriquecida con un sinnúmero de organizaciones. Impulsó a este respecto, la creación de cooperativas como El Hogar Obrero, y la Sociedad Luz, a la que consideraba como una verdadera universidad popular.
El fundador del Partido Socialista Argentino defendió dentro y fuera de la clase obrera, la idea de que la educación es la base de cualquier proyecto superador del capitalismo realmente existente. Dora Barrancos, en su libro Educación, cultura y trabajadores (1890-1930), afirma certeramente: “Difícilmente pueda objetarse la conclusión de que las propuestas educativas del socialismo se desarrollaron privilegiando los sectores del trabajo y, por lo mismo, transcurrieron en barrios y áreas eminentemente obreros. Los sujetos a quienes se destinó el esfuerzo educativo realizado por el frente político y gremial socialista-no caben dudas sobre la mutua compenetración que distinguió la relación entre los dos sectores-, se encontraron entre los diversos estratos del trabajo, alargándose a otros sectores populares”.
La figura de Juan B. Justo y su lucha por una educación emancipadora, adquiere una dimensión inusitada, en este incierto momento, donde un feroz ataque desde las esferas del poder pone en jaque a nuestra brillante tradición educativa.

Por Gustavo Battistoni
(Historiador y escritor firmatense)





