Los grandes hombres no han estado exentos de situaciones extremas, momentos en los que el desasosiego y el escepticismo los embargaron. Manuel Belgrano, seis años después de la Revolución de Mayo, si damos fe a su correspondencia y al comentario de sus contemporáneos, vivió en aquella coyuntura sentimientos muy encontrados.
El país se debatía en medio de una guerra civil que parecía interminable y la realidad europea no mostraba demasiados auspicios para el proceso libertador del continente americano. El optimismo con que se había iniciado una de las grandes transformaciones de nuestra historia, daba paso a un montón de preguntas y un contexto poco esperanzador.

En marzo de 1816 se produjo un acontecimiento trascendental para la autonomía de Santa Fe, producto de una rebelión popular contra el Ejército de Observación enviado por el Directorio de Buenos Aires. La primera compañía de Blandengues se levantó en armas liderada por su teniente Estanislao López. A esta fuerza se le unieron las milicias del Rincón y de Coronda, poniéndose todas al frente con el auxilio de las tropas orientales.
El objetivo del levantamiento era expulsar a las tropas de Buenos Aires, quitarles las armas y reducir a aquel ejército para instituir un gobierno independiente bajo la protección de José Gervasio Artigas. Para doblegar a la ciudad, los sublevados tomaron buques armados, y comenta Leoncio Gianello en su Historia de Santa Fe: “Con estos barcos Cosme Maciel atacó y cañoneo a tropas directorales reunidas cerca de la costa de la laguna de Guadalupe”.
En este contexto, Mariano Vera aparece como una figura política y militar fundamental en los primeros años de la autonomía de Santa Fe, desempeñándose como Gobernador Intendente de la provincia en el período inmediatamente anterior al ascenso definitivo del más grande de los santafesinos, Estanislao López.

El Pacto de Santo Tomé, firmado el 9 de abril de 1816, tuvo un impacto sumamente positivo para la provincia de Santa Fe, ya que los conflictos internos de la política porteña terminaron favoreciendo de manera coyuntural a la causa santafesina.
Al lograr que la vanguardia del ejército directorial pactara con las fuerzas federales locales, se detuvo la ofensiva militar de Buenos Aires. Como consecuencia de este armisticio, Santa Fe no volvería a sufrir invasiones por parte del poder central hasta el año 1818.
El acuerdo ayudó a afianzar políticamente a la nuevo gobernador, quien acababa de asumir el gobierno de la provincia el 31 de marzo tras sitiar la ciudad, y lograr la rendición del general Juan José Viamonte y su ejército de ocupación.
El mismo día en que se firmó el tratado, el gobernador Vera confirmó a Estanislao López en el cargo de Comandante de los Blandengues, reconociendo su liderazgo por haber sublevado a estas fuerzas contra la dominación porteña.

Para Santa Fe, el pacto significó una victoria política inusual, ya que logró que la vanguardia del ejército invasor exigiera la caída de sus propios superiores jerárquicos. La primera víctima del Pacto fue ni más ni menos que Manuel Belgrano quien fue destituido del mando del ejército de observación, lográndose también la dimisión del Director Supremo Ignacio Álvarez Thomas.
El estado de abatimiento del espíritu del creador de la Bandera era tal, que le comentaba a Ignacio Álvarez Thomas, en una carta el 5 de abril de 1816, antes de ser apartado de su cargo como Jefe del Ejercito de Observación, su deseo de irse a vivir con algún cacique altoperuano: “Yo deseo irme a vivir con mis hermanos Cumbay o Caripan o Carripilan…”.
Mario Belgrano, en su esplendida Historia de Belgrano, nos comenta: “Los acontecimientos adquirían en esos días suma gravedad. Viamonte había tenido que rendirse en Santa Fe a las fuerzas de Vera. En presencia de ese hecho, el gobierno nombró a Belgrano jefe del ejercito de observación de mar y tierra, cuyas fuerzas se componían de unos cuantos escuadrones de milicias, concentradas en el Rosario, en cuyo puerto se hallaban ocho buques menores de guerra”.
Con su patriotismo habitual nuestro prócer se había hecho cargo de una situación insostenible, rodeado de una oficialidad hostil, y una tropa en estado de deliberación permanente. La citada carta, y la expedida también a su sobrino político desde Rosario el 8 de abril, dan cuenta de un estado de situación insostenible, que tendrá su desenlace con su destitución.

Bartolomé Mitre, en su Historia de Belgrano y de la independencia argentina, capítulo La revolución interna 1815- 1816, afirma: “Don Eustoquio Díaz Vélez, nombrado para negociar un arreglo pacífico, abusando de la confianza que su general había depositado en él, se entendió con el enemigo (el 9 de abril de 1816) y ajustó un pacto subversivo que se llamó de Santo Tomé, por el lugar donde fue firmado. Por él se estipulaba: la separación de Belgrano del mando del ejército, el nombramiento de Díaz Vélez como sucesor, la retirada de las tropas de Buenos Aires y la deposición del Director Supremo, todo con la concurrencia de ambas fuerzas”. Y continúa más adelante: “En consecuencia de esta revolución hecha en connivencia con el enemigo, Belgrano fue depuesto y arrestado en su campo…”.
Esta desagradable situación fue producto, en lo esencial de las ideas monárquicas de Manuel Belgrano que estaban en la antítesis de las ideas federalistas de los hombres del Litoral, y la traición de Eustoquio Díaz Vélez. El Congreso de Tucumán y su defensa de una monarquía Inca lo pondrá de nuevo en el centro de la escena política.
Durante las fallidas negociaciones de paz del 5 de octubre de 1816, el diputado porteño Deán Gregorio Funes reconoció ante las autoridades santafesinas los estropicios de las tropas del Directorio y su campaña anti federal, causados por los generales Viamonte y Díaz Vélez.
Como sucedió habitualmente, lo que fue pactado en Santo Tomé, el Directorio y el Congreso de Tucumán lo terminaron incumpliendo. A consecuencia de esta ruptura, el diputado electo Juan Francisco Seguí no se integró a la asamblea, sellando la ausencia definitiva de Santa Fe en el Congreso que declararía la Independencia.

Por Gustavo Battistoni
(Politólogo y escritor firmatense)






