Miles de nombres en una bandera, fotos con rostros que por las noticias hemos ido conociendo, miles de lágrimas y manos agarradas, personas gritando, aplaudiendo, marchando a lo largo del país, pidiendo que no nos maten, pidiendo justicia. Me emociona, y agradezco.

Porque yo soy esta escritora que en casi cuatro años ha sido muy feliz gracias a todas las cosas lindas que la literatura le ha brindado a nivel nacional e internacional, ha recibido muchos premios y reconocimientos, me conoce mucha gente, me leen, sonrío, pero yo soy también esa mujer que durante 20 años sufrió violencia de género de todo tipo, la que vivió presa en su propia casa, sin derecho a nada, sin documentos, sin pasaporte e iban borrando día a día con cada golpe, cada humillación. Yo soy esa que le prohibieron escribir y lo hacía a escondidas, la que quisieron quemar viva, que apuntaban en la cabeza con un arma, que cortaron sus piernas con machetazos, mordieron, arrancaron los pelos, tenía un patio con boyero eléctrico para que no se escape, rompieron la cabeza, quebraron huesos, hicieron perder embarazos, y al volver de cada desmayo que generaba no aguantar tanto dolor veía a sus pequeños llorar al lado creyendo que su madre había muerto, mientras la volvían a moler a golpes y sangraba.

Yo soy esa mujer que intentaron matar tantas veces, que tanto torturaron, a la que hacían mantener de pie por horas, tenían desnuda en el patio las noches más frías y hacían dormir atada, a la que arrancaron todos los dientes a piñas por el solo hecho de tener la rebeldía de sonreír para sus hijos a pesar de tantas palizas, la que sometían de todos los modos habidos y por haber. Yo soy la que iban a enterrar en un pozo que cavaron en el patio de casa. Yo soy alguien que por dos décadas parecía invisible para el resto del mundo y le dolía hasta respirar porque desde que abría los ojos hasta que se dormía la torturaban, escupían, violaban, gritaban que no servía para nada y si se moría nadie lo notaría por no tener familia, yo vivo de milagros hoy, aunque no sé hasta cuando escribiré porque mi agresor saldrá en libertad en mayo de 2027 y el miedo es tan grande a que me mate como juró que no duermo tranquila, no sé vivir sin miedo, respiro hondo y sigo pero me paralizo a diario y se me acelera el corazón con solo escuchar el nombre. Yo soy la que hoy podría ser un nombre más en una lista de muertas, la que aún hoy le pide a Dios que cuando salga libre no la maten hasta que sus hijos sean más grandes.

Yo estuve a milésimas de ser una más de esa lista, por eso hoy agradezco a cada persona que marchó, y pido que seamos solidarios, que no hagamos como que acá no pasa, que no miremos a otro lado, que no repitamos instrucciones de cómo actuar si sos víctima, porque las victimas solas no podemos, sabemos y queremos escapar a diario, vivir como ustedes libres, pero no podemos, miramos desde las rejas de nuestra prisión como pasa la vida sin poder, sin que nadie nos ayude. De verdad nos matan, de verdad vivimos horrores encerradas en cuatro paredes, no esperemos a que sean nuestras hijas, hermanas, amigas, pidamos NI UNA MENOS! Gritemos VIVAS NOS QUEREMOS! Ojalá algún día seamos realmente LIBRES Y NO TENGAMOS MIEDO. OJALÁ ALGÚN DÍA DEJEN DE MATARNOS.

Lidia Ocampo Romero

Abrir mas artículos relacionados
Abrir mas en  Pedido de publicación
Comments are closed.

Ver tambien

AgroActiva 2026: la Cabaña Baracutey de Cañada del Ucle sigue sumando medallas

La Cabaña Baracutey, de Cañada del Ucle, sigue haciendo historia en AgroActiva y nuevament…