Hace muchos, demasiados años para una vida que ya se va haciendo larga, mi excelente profesora de historia de la escuela secundaria me encargó realizar un trabajo sobre el Congreso de Tucumán. Como solía hacer, me dirigí a la Biblioteca de mi ciudad, revisando todos los textos ligados a los sucesos relacionados al 9 de julio de 1816. ¡Grande fue mi sorpresa adolescente al no encontrar firmando el Acta de la Independencia a la Provincia de Santa Fe! Y no solo faltaba la Provincia Invencible, también la Banda Oriental, Entre Ríos y Corrientes habían faltado a la cita.

Recién muchos años después, luego de muchas lecturas autodidactas, accedí a la clave de bóveda que me permitió comprender el papel del artiguismo en la historia rioplatense, y las causas de la ausencia de las provincias del Litoral, y en particular la de Santa Fe, en el Congreso de Tucumán. Desde ese momento pude atisbar con claridad, la singularidad histórica de los pueblos litoraleños, y el papel desempeñado por ese gigante que fue José Gervasio Artigas.

En particular, la ausencia de la provincia de Santa Fe en la firma del Acta de la Independencia del Congreso de Tucumán, tuvo como causa central la tensión entre el intento de hegemonía nacional dictado desde Buenos Aires y la irrevocable decisión de la provincia de defender su autonomía.

El 25 de octubre de 1815, se convocó a elecciones locales para escoger a un diputado que nos representara a los santafesinos en el Congreso de Tucumán. El primer candidato electo fue el Dr. Pedro José Crespo, cura y vicario del partido de Baradero, pero finalmente renunció a su postulación. Ante esta vacante, se eligió a Juan Francisco Seguí. Seguí era un natural de Santa Fe que residía en Buenos Aires, graduado en Leyes en la Real Audiencia y con un fuerte perfil político: había participado en las jornadas revolucionarias de mayo de 1810 y era un activo defensor a favor de la autonomía de la provincia, habiendo apoyado al primer gobernador autónomo, Francisco Antonio Candioti.

El mandato explícito para Seguí era que propusiera, discutiera y sancionara, de acuerdo con los demás congresales, “la unión y mejor organización de su Estado General y las Constituciones que los deben regir en su libertad e independencia natural”.

Sin embargo, esta participación nunca llegó a concretarse debido al incumplimiento de los tratados de Santo Tomé por parte del Directorio y del propio Congreso. El centralismo porteño transformó a la magna asamblea en un instrumento para asegurar su predominio político y anular las autonomías, oponiéndose rotundamente a la separación jurisdiccional de Santa Fe.

Como consecuencia, Santa Fe quedó excluida del proyecto político forjado en Tucumán, lo que agravó su condición de provincia rebelde a los ojos de Buenos Aires y la condenó a seguir recibiendo los embates armados del ejército directorial de manera ininterrumpida hasta el año 1820.

Como medida de coerción y castigo, el Congreso se negó a aceptar la incorporación del diputado santafesino hasta que la provincia no reconociera previamente la autoridad y el poder absoluto de la asamblea y del Director Supremo. Esta misma actitud extorsiva se aplicó con Montevideo, a la cual se le condicionó la ayuda militar contra las invasiones portuguesas a cambio de su sumisión al poder de la ex capital del Virreinato.

Los Papeles de Estanislao López editados por el Archivo General de la Provincia de Santa Fe son muy enriquecedores en cuanto a lo sucedido. La relación entre la provincia de Santa Fe y el Congreso de Tucumán, mencionado como el Soberano Congreso Nacional, estuvo marcada por una postura de firme resistencia y condicionamiento por parte de las autoridades santafesinas, quienes priorizaron su alianza con José Gervasio Artigas y la idea de una unión federal.

Plantea Manuel Cervera, en su inmarcesible Historia de la Ciudad y  Provincia de Santa Fe: “El Director Balcarce, de acuerdo con las instrucciones del Congreso y del partido de Buenos Aires, donde Tarragona y demás escapados de Santa Fe en la anterior revolución prometían ayuda de partidarios y prometían volver al poder, había combinado un ataque simultaneo a Santa Fe, por tierra y agua”. Eustoquio Díaz Vélez, al mando de 2000 hombres y una escuadrilla al comando de Matías Irigoyen invadieron la provincia, siendo repelidos por los valientes santafesinos.

Pocos días después de la declaración de la independencia, el 18 de julio de 1816, las autoridades santafesinas dejaron en claro que habían ofrecido enviar su diputado al Soberano Congreso con la única condición de que también fuesen invitados los pueblos del Oriente o su jefe

Argumentaban que, ante las amenazas de los enemigos exteriores, era indispensable una reunión federal de todas las provincias. En esa misma fecha, aprovecharon la presencia accidental en la ciudad del diputado al Congreso Nacional, Miguel del Corro, para entregarle una copia de esta resolución y pedirle que la elevara ante la soberanía del Congreso.

El 5 de octubre de 1816, el enviado de Buenos Aires, el Deán Gregorio Funes, se reunió con los representantes de Santa Fe para pedirles que reconocieran al Soberano Congreso Nacional y mandaran a su diputado. 

Funes intentó persuadir a nuestros gobernantes destacando que la instalación del Congreso y su declaración de la independencia era el paso más augusto que podían esperar, y que quien rehusase a participar  impedía un gobierno sólido y fomentaba la anarquía. Sin embargo, los santafesinos respondieron que todo lo que se acordase en esa sesión debía ser ratificado previamente por el  Protector General, José Gervasio Artigas, lo que llevó a Funes a dar por fracasada la negociación por exceder sus instrucciones.

Como dato de particular importancia, remarquemos que  Estanislao López actuó como uno de los representantes políticos de Santa Fe durante los reiterados intentos del gobierno hegemonizante por someter a la provincia. Así se fue forjando el carácter indómito del futuro caudillo de los santafesinos.

El afán por centralizar el poder llevó al Congreso a ejercer un absolutismo desconocido en detrimento de los pueblos del interior. Intervenía de forma arbitraria en las resoluciones de los Cabildos, imponía tributos forzosos en provincias como Córdoba, Catamarca, San Luis, Tucumán y La Rioja, vendía terrenos baldíos en el interior para concentrar la autoridad y llegó a anular las instrucciones políticas que traían los diputados provinciales. 

Se le otorgaron además facultades absolutas al Director Supremo para elegir gobernadores y castigar opositores sin derecho a apelación. Aunque dentro del Congreso hubo voces que defendieron el federalismo (como los diputados Serrano y Anchorena), estas iniciativas fueron ahogadas por destacados dirigentes que intentaron imponer proyectos de monarquía constitucional incásica o extranjera.

Como consecuencia de ese accionar despótico y asfixiante, muchos diputados comenzaron a retirarse del recinto, provocando un movimiento general de resistencia del cual nacería el sistema de la Federación. Este descontento Federalista tendrá su momento decisivo en la Batalla de Cepeda, el 1 de febrero de 1820.

Mariano Vera, valiente gobernador de nuestra provincia en aquella aciaga circunstancia, afirmaba que “la libertad comprada con sangre no se vende a precio alguno”. La Independencia de nuestra República le debe sangre, sudor y lágrimas, a las luchas santafesinas por tener Patria y Libertad.

Por Gustavo Battistoni
(Politólogo y escritor firmatense)

Abrir mas artículos relacionados
Abrir mas en  Historia
Comments are closed.

Ver tambien

Sportivo Bombal se quedó con el cruce ante Firmat F.B.C. y avanzó a cuartos

Sportivo Bombal le ganó 2 a 1 a Firmat F.B.C. este martes por la noche en el Viejo Reducto…