Radicado en Francia desde hace un año, el artista firmatense de 41 años transformó un chiste familiar en una realidad histórica. En diálogo con El Correo, reveló detalles de su obra sobre las Islas Malvinas y la dura lucha para ingresar al circuito artístico europeo.


Para muchos artistas, la posibilidad de exponer en el Carrousel du Louvre pertenece al terreno de las fantasías o de las bromas entre allegados. Para el firmatense Elián Varela, ese chiste recurrente con el que despedía a sus seres queridos al emigrar a Europa terminó convirtiéndose en una profecía. En los últimos días, el escultor firmatense confirmó una noticia histórica: en octubre formará parte del prestigioso Salón Internacional de Arte que se celebra anualmente en el icónico complejo parisino.

El nexo con París se gestó a través del espacio cultural Más que 2, del Palacio Barolo en Buenos Aires, cuya directora descubrió su trabajo por redes sociales y lo invitó a formar parte del stand argentino. “La verdad que no lo podía creer. Cuando me contactan y me ofrecen esto, fue una alegría enorme y una gran sorpresa; creo que es el sueño de todo artista”, confesó Elián en diálogo con El Correo sobre la invitación a un evento de escala masiva donde se aguarda el paso de más de 150.000 visitantes, entre ellos los galeristas y coleccionistas más destacados del mundo.

El hito cobra un valor aún más especial por la propuesta conceptual que llevará a Francia. Una de las esculturas centrales rinde homenaje a las Islas Malvinas y aborda las raíces históricas que unen al archipiélago con la ciudad bretona de Saint-Malo. “La intención es explicarle a todo el mundo que pase por la sección argentina la relación entre Francia y nuestro país, el origen del nombre de las islas y, estando de este lado, aclarar que las Islas Malvinas son argentinas”, sostuvo Elian, en comunicación con El Correo.

La pieza representa a un Malouin (el nombre de nuestro archipiélago proviene de los “Malouines”, denominación vinculada a los habitantes de Saint-Malo, donde él vive actualmente) que lleva el mapa de las Malvinas grabado en el pecho, lo que genera curiosidad entre el público europeo y abre la puerta a un diálogo cultural profundo. “Es un poco mi forma de aportar a este tema tan importante para nosotros. En redes sociales y acá en Francia, a partir de esta obra, la gente me empieza a preguntar y empieza a conocer un poco más sobre nuestra historia”, explicó sobre el impacto y el valor simbólico de su creación.

Sin embargo, el presente de Varela contrasta con la dura realidad que enfrentó al instalarse en suelo europeo. Tras haber iniciado la escultura como un pasatiempo en Mendoza hace alrededor de cuatro años, y comercializar sus primeras piezas en Argentina, la llegada al viejo continente representó un choque cultural y profesional desgastante. “Acá son más las puertas que te cierran que las que te abren. El circuito es muy profesional y miran mucho la trayectoria, dónde estudiaste; como arranqué hace poco y no tengo formación académica tradicional, no les interesaba”, recordó.

Durante sus primeros cuatro meses en Francia, el aislamiento fue casi total. Enviar mails, mensajes privados e incluso sobres escritos a mano con fotografías impresas —el método tradicional exigido por los salones locales— solo le devolvió negativas o un rotundo silencio. “Eran 70 días de lluvia continuos, pleno invierno y rechazo tras rechazo. Llegué a pensar seriamente en dejar la escultura porque no le veía sentido seguir trabajando si a nadie le interesaba y no podía mostrar lo que hacía”, rememoró Varela.

El punto de quiebre lo marcó la tenacidad tan característica del profesional argentino. Aprovechando sus conocimientos previos en diseño gráfico e industrial, Elián dedicó semanas a autogestionar su propia página web, construir un catálogo profesional (dossier) y adaptar su presentación a las exigencias del mercado europeo. Una vez que profesionalizó su imagen al estándar local, las redes sociales y el boca a boca hicieron el resto.

La perseverancia rindió sus frutos al octavo mes, cuando llegó la primera oportunidad concreta para exhibir en Barcelona. Ese aval funcionó como un efecto dominó que desencadenó llamadas desde Argentina, invitaciones a galerías de la región de Bretaña —donde expondrá en el multitudinario salón de Rennes— y, finalmente, el llamado consagratorio para el Salón Internacional en el complejo del Louvre.

En el medio de esta vorágine, Varela también participará en noviembre de una exhibición en el prestigioso Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM) de Barcelona, tras haber formado parte de una premuestra organizativa a principios de año. Ser uno de los pocos escultores en el circuito le otorga un valor diferencial, superando las enormes barreras logísticas y de costos que implica trasladar este tipo de obras en el plano internacional.

“Fueron siete meses de estar trabajando solo, sin objetivos claros y siendo rechazado de todos lados. Estoy seguro de que si no hubiese sido por la resiliencia y ese ‘plus’ que tenemos los argentinos, lo habría dejado”, reflexiona el artista de Firmat. Hoy, con la mirada puesta en París y el respaldo de su comunidad, Elián Varela demuestra que con convicción y esfuerzo, los sueños que empiezan como un chiste entre amigos pueden terminar en las salas más importantes de la historia del arte.

Por Manuel Carreras

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