Martín Miguel de Güemes es, sin dudas, uno de los grandes personajes de nuestra historia. A los catorce años inicia su carrera en las armas, y en 1806, a los veinte años, le toca ir a Buenos Aires. En junio de ese año se produce la primer invasion inglesa, y el joven salteño defendió la ciudad con la milicia rioplatense. Los soldados británicos lograron tomar la ciudad, pero el pueblo con su amor al terruño, se organizó y se lanzó la reconquista, comandada por Santiago de Liniers. Es allí cuando nuestro héroe realiza una hazaña imposible.
La fragata inglesa Justine con 22 cañones y 120 tripulantes, encalló en las orillas del Río de La Plata, mientras en tierra la caballería al mando de Martín Miguel presentaba batalla con el patriotismo como divisa. Con las aguas en bajante, decide que es el momento de dirigirse hacia el barco y acompañado por sus gauchos, se introduce en el río, cabalgando por las aguas capturando el barco, una proeza increíble. Esta acción fue clave para recuperar la capital del Virreinato.
El capitán inglés Alexander Gillespie, contemporáneo del héroe salteño, en su libro Buenos Aires y el interior, nos comenta sobre la captura: “Este barco ofrece un fenómeno en los acontecimientos militares, el haber sido abordado y tomado por caballería al terminar el 12 de agosto de 1806, a causa de una bajante súbita del río”.
No es tan conocido, o casi desconocido un hecho bastante similar que ocurrió durante las luchas de los santafesinos por defender su autonomía y que tuvo como uno de los actores principales a un gran santafesino: Cosme Maciel. Como relata el historiador santafesino José Rafael López Rosas en su libro De la discordia y la melancolía, en su capítulo Cuando los barcos se enlazaban, en agosto de 1816 durante la invasión de la Provincia Invencible por parta del Directorio, nuestros bravos gauchos capturaron varias embarcaciones enlazándolas.
Relacionamos, la hazaña de los gauchos salteños con la de los santafesinos, recordando, además del genial general salteño a un comprovinciano de ley, que participó de la captura de los navíos porteños: don Cosme Maciel, proveniente de una arraigada prosapia rioplatense. Los Maciel colaboraron decisivamente en la colonización, la administración pública y el desarrollo de ciudades clave como Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y Montevideo a lo largo de varios siglos.
El libro histórico titulado Los Maciel en la historia del Plata (1604-1814), escrito por Luis Enrique Azarola Gil, examina de manera exhaustiva la genealogía y el profundo impacto social de la estirpe de los Maciel en la región del Río de la Plata.
El origen de la familia Maciel en el Río de la Plata se remonta a los primeros años del siglo XVII, y está estrechamente ligado al desarrollo colonial de la región.
El fundador de la estirpe rioplatense fue Melchor Maciel, nacido hacia 1583 en la ciudad costera de Vianna do Castello (Portugal). Era hijo de Antón Fernandes y de María Días Maciel.
Siguiendo la costumbre de la época, Melchor adoptó el apellido de su abuelo materno en razón de la calidad noble e hidalga de ese linaje, condición que consta en pruebas de nobleza litigadas en la corte de Lisboa por sus descendientes.
Llegó a Buenos Aires en 1604 como maestre de la carabela San Benito, procedente del Brasil, trayendo un cargamento de mercaderías por valor de más de 8.900 reales de plata. Inicialmente se desempeñó como marino y mercader capitalista.
Con el tiempo, abandonó la navegación para convertirse en uno de los principales hacendados y terratenientes de la zona. Adquirió estancias al sur del Riachuelo, en el pago de la Magdalena (territorio que hoy comprende la ciudad de Avellaneda, donde el Arroyo Maciel conserva su nombre).
En 1618 contrajo matrimonio con Catalina de Melo, hija de los pobladores portugueses Gil González de Moura y doña Inés Núñez Cabral (vinculada a los linajes Cabral de Melo y Báez de Alpoin). Los hijos y nietos de Melchor Maciel añadieron a su apellido el aditamento “del Águila” (dando lugar al apellido compuesto Maciel del Águila).
Esto se debió a la simbología heráldica presente tanto en el escudo de armas de los Maciel (que incluía media águila), como en la cimera del blasón de la familia Melo. Con las generaciones, la rama porteña fue suprimiendo dicho aditamento, mientras que la rama correntina lo conservó. A partir de la semilla plantada por Melchor Maciel, la familia se expandió por cuatro centros vitales de la cuenca del Plata durante más de dos siglos.
En Corrientes y Santa Fe, arraigados principalmente a través de su sobrino Baltasar Maciel (llegado hacia 1625 desde Vianna do Castello y heredero de Melchor), cuyos descendientes ejercieron importantes cargos militares y políticos como tenientes de gobernador y maestres de campo.
Y en Montevideo, fue establecida la estirpe más tarde por Luis Enrique Maciel, de donde surgió entre otros Francisco Antonio Maciel, conocido como el “Padre de los pobres” y fundador del Hospital de Caridad de esa ciudad.
Cosme Maciel
Cosme Maciel, que es quien nos importa con Güemes, fue un destacado dirigente político y militar santafesino, reconocido como uno de los principales impulsores de la autonomía de la provincia de Santa Fe y por su protagonismo en los hechos de la Revolución.
Nació en la ciudad de Santa Fe el 7 de septiembre o el 1 de noviembre de 1784. Fue hijo de Domingo Maciel y de su tercera esposa, doña María Josefa López Pintado (nieta de Juan Francisco Aldao y de Antonia de Lacoizqueta).
El 19 de octubre de 1811, contrajo matrimonio en Santa Fe con doña Juana de la Quintana, hija de Manuel de la Quintana y Aldao y de María Josefa de Quiroga. De esta unión nacieron Feliciano, Francisco Rosario, Juan Francisco y María Salomé (quien casó con el Dr. Marcelino Freyre).
En febrero de 1812, hallándose accidentalmente en la villa del Rosario, colaboró en la construcción de la batería de artillería sobre las barrancas del Paraná, desempeñándose como ayudante del comandante de cívicos Celedonio Escalada.
Al momento de inaugurar la batería el 27 de febrero de 1812, el general Manuel Belgrano le confirió personalmente el honor de izar por primera vez la bandera celeste y blanca en premio a su patriotismo y servicios.
Cincuenta años más tarde, en 1862, recibió en su retiro del pago de la Magdalena, la visita del cronista Pastor S. Obligado, a quien le relató con emoción las palabras que le dirigió Belgrano aquel día :“Vea si está corriente la cuerda y ate bien la bandera…”, y reafirmó con orgullo haber sido quien la levantó por primera vez.
En 1816 destacó como uno de los principales jefes de la insurrección liderada por Mariano Vera para expulsar de Santa Fe a las fuerzas de Viamonte, consagrándose como uno de los fundadores de la autonomía santafesina.
El 9 de abril de 1816, en representación de las fuerzas locales y con la autorización de José Gervasio Artigas, firmó el Pacto de Santo Tomé con el coronel Eustaquio Díaz Vélez. Mediante este histórico tratado se estipuló la separación de sus mandos del director supremo Álvarez Thomas y del general Manuel Belgrano, estableciendo las bases de la paz entre Santa Fe, Buenos Aires y la Banda Oriental.
El 27 de abril de 1816 fue electo diputado por la ciudad de Santa Fe para ratificar dicho convenio. Al reanudarse las hostilidades, asumió el mando de la flotilla naval santafesina (compuesta por canoas), y ejecutó con Javier Ábalos un sorpresivo ataque nocturno en la boca del Colastiné, logrando apresar la cañonera enemiga “América” y otros buques. Este hecho notable es el que da sentido a nuestro escrito.
En marzo de 1817 se le encomendó la misión de otorgar la libertad a los esclavos. En julio de 1818 encabezó un movimiento revolucionario junto con Manuel Roldán, Juan Francisco Seguí y Manuel Larrosa, que forzó la renuncia del gobernador Mariano Vera.
En 1819, Estanislao López le confió una misión diplomática ante Artigas. Además, ejerció como secretario de nuestro gobernador durante la campaña militar contra Dorrego, y actuó como comisionado de paz en nombre de Santa Fe.
Disidencias políticas provocaron un fuerte rompimiento entre Maciel y Estanislao López, siendo encarcelado bajo la acusación de haber fomentado un complot para asesinar al gobernador.
A pesar de que se le ofrecieron facilidades para huir de la provincia, Maciel se negó a escapar para sostener su inocencia. Finalmente fue remitido como prisionero a Buenos Aires bajo la estricta prevención de que si retornaba a territorio santafesino sería fusilado, lo que marcó el fin de su actuación política activa.
José Rafael López Rosas afirma que ninguna calle de Santa Fe recuerda a don Cosme Maciel. Volver a rememorar su patriótica actuación, es un acto de justicia.

Por Gustavo Battistoni
(Politólogo y escritor firmatense)






