Luego de un hermetismo absoluto que se extendía desde el pasado 29 de diciembre, surgió una señal desde la cúpula de Vassalli. A través de una comunicación interna enviada este 20 de enero, Mateo Marsó, uno de los propietarios de la firma, autorizó formalmente la venta y cobranza de repuestos con un objetivo urgente: utilizar esos fondos exclusivamente para cubrir los sueldos adeudados al personal.

Esta decisión surge como una respuesta a la presión por la falta de pagos y la parálisis que atraviesa la planta de Firmat. En su mensaje, Marsó dio el visto bueno a la operatoria, pero bajo condiciones estrictas de control. Según el directivo, el proceso debe involucrar a las personas adecuadas para garantizar que el dinero recaudado tenga una “correcta distribución” y llegue efectivamente a los trabajadores.

Sin embargo, a pesar de que la noticia rompe el silencio de casi un mes, el ambiente en la fábrica sigue siendo de extrema cautela. La gran incógnita que circula por estas horas es la implementación logística: cómo y quiénes cobrarán esos repuestos para asegurar que el flujo de caja no se desvíe hacia otros compromisos de la empresa.

Para los trabajadores, esta medida es un paliativo de emergencia en un contexto de incertidumbre total. Si bien la autorización de Marsó reactiva una vía de ingresos, todavía no hay respuestas claras sobre el plan a largo plazo para la fábrica ni sobre la continuidad de la producción de cosechadoras. Por ahora, la prioridad es que esta venta de piezas se traduzca, de manera inmediata, en dinero para el personal.

Redacción/Fuente: El Correo
(Cooperativa de Trabajo desde 2017)

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