Los últimos informes meteorológicos y de estimaciones agrícolas de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y del INTA confirman un incremento significativo de las precipitaciones en la región núcleo hacia la primavera, con lluvias que podrían ubicarse entre un 30 % (octubre), y un 90 % por encima de lo normal en el último trimestre del año. Esta perspectiva obliga a los productores a “cambiar el chip” para gestionar el exceso hídrico, ajustando fechas de implantación, esquemas sanitarios y la elección de cultivos.


En cuanto a la campaña la fina, el trigo transita un estado entre excelente y muy bueno en el 95 % de los cuadros de la región central, impulsado por reservas hídricas adecuadas que sostienen una proyección nacional cercana a los 20,5 millones de toneladas. No obstante, el ambiente húmedo y las temperaturas templadas ya activaron las primeras alertas sanitarias por manchas foliares (mancha amarilla) y se prevé un aumento de roya. El mayor desafío para el cereal no estará solo en el manejo fúngico, sino en la ventana de cosecha: la concentración de lluvias hacia noviembre y diciembre promete acotar drásticamente los días aptos para las labores de trilla, amenazando con pérdidas de calidad comercial y demoras operativas.


Para la siembra de la gruesa, la estrategia en la región núcleo sufrirá modificaciones de fondo para capitalizar la humedad disponible y esquivar complicaciones:
- Maíz: Pese a una baja estimada del 7,3 % en el área sembrada a nivel nacional por costos de insumos, en la zona central el maíz temprano vuelve a tomar protagonismo. Los asesores recomiendan adelantar la siembra entre una y dos semanas para ubicar el período crítico de floración en diciembre, asegurando agua en momentos de alta demanda y escapando al estrés hídrico de enero. Asimismo, se ajustan densidades y nutrición para potenciar los rendimientos.
- Soja: La oleaginosa absorberá la superficie que resigna el maíz. La indicación técnica apunta a diversificar los grupos de madurez y retrasar levemente los planteos de primera en sectores propensos a anegamientos, evitando que la emergencia coincida con los picos pluviales de primavera. Además, se promueve la siembra directa como herramienta defensiva central para mantener la estructura del suelo y evitar el planchado.






