El Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmaron que el fenómeno de El Niño tiene entre un 61 y un 82 % de probabilidades de establecerse formalmente durante el trimestre mayo-julio de 2026. Los modelos de simulación internacional muestran una rápida suba de las temperaturas en la superficie del océano Pacífico ecuatorial, adelantando los plazos previstos inicialmente.

El rectángulo muestra la zona del océano Pacífico donde se monitorean las temperaturas de la superficie del mar para detectar la formación de El Niño. Fuente de imagen: CNN Weather

La mayor preocupación de los especialistas radica en la proyección para el próximo verano. Los análisis dinámicos anticipan que el fenómeno podría alcanzar su fase más intensa entre noviembre de 2026 y enero de 2027, con un riesgo latente de transformarse en un “Súper El Niño”, un evento donde el calentamiento marino supera por más de 2°C el promedio histórico.

Aunque las entidades oficiales piden cautela debido a la tradicional “barrera de predictibilidad de primavera” -período con mayor margen de error en los pronósticos-, el consenso científico coincide en que la probabilidad de que este Niño se extienda con fuerza hasta los primeros meses de 2027 alcanza un 96 %.

En la región central de nuestro país, el impacto comenzará a manifestarse de manera gradual a partir de agosto. Los meteorólogos señalan que, tras un invierno con temperaturas normales o superiores a las medias, septiembre marcará el inicio de un período caracterizado por excesos hídricos.

Para el sector agropecuario, este escenario representa una moneda de dos caras. Por un lado, la recarga de los perfiles de suelo asegura una excelente disponibilidad de agua para el arranque de la campaña gruesa, lo que genera muy buenas expectativas para la siembra de maíz y soja luego de ciclos comerciales muy golpeados por la falta de humedad.

Sin embargo, los especialistas advierten sobre los riesgos severos de un “Súper El Niño”. El exceso de precipitaciones y la falta de sol en primavera pueden retrasar las labores de siembra de los cultivos de verano, complicar la cosecha de los cultivos de invierno (como el trigo) por problemas de piso en los lotes, e incrementar de forma drástica la presión de enfermedades fúngicas que afectan el rendimiento y la calidad del grano.

Hacia el final del año, el potencial de tormentas severas y granizo se incrementará notoriamente, con riesgo de anegamientos e inundaciones en las zonas más bajas de la región pampeana. Este panorama obligará a los productores a planificar estrategias de manejo defensivas, priorizando fechas de siembra escalonadas y un monitoreo sanitario riguroso para mitigar las complicaciones climáticas.

Por Elías Ferreyra

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