Los relevamientos realizados durante la semana del 22 al 26 de enero arrojaban números muy alentadores, hasta se hablaba de un nuevo récord. “Con cinco millones de hectáreas sembradas y bajo la influencia de un año “Niño”, la primera estimación de soja de la región núcleo hecha sobre la condición del cultivo refleja una producción esperada de 20.2 millones de toneladas”, informaba la Bolsa de Comercio el jueves 25 de enero.

Además, el informe destacaba que esas 20.2 millones de toneladas, superaban la estimación para una campaña con un “clima normal”. “Ese horizonte de ‘normalidad’ proyectaba una producción de 18.7 quintales por hectárea (qq/ha) con un rinde promedio para la región de 38 qq/ha para el total de soja (primera y de segunda). La realidad actual del cultivo supera las expectativas con las que se empezó sembrando la soja en octubre: un Niño instalado pero que no dejaba lluvias”, señalaba la publicación de la BCR.

Pero todo cambió a partir del lunes 29 de enero, cuando una ola de calor comenzó a afectar a gran parte del país y las condiciones ambientales y de los cultivos, fueron cambiando. En ese escenario complejo, el El Correo consultó al Ing. Agr. Edgar Nisi, sobre la situación que atraviesan los cultivos en la región. “Realizaremos una breve introducción sobre las precipitaciones pasadas para tener una visión general de las condiciones de almacenamiento de humedad en el perfil del suelo, junto con una notable disminución en el nivel freático”, explicó el profesional y contextualizó, “en Cañada del Ucle, se registraron precipitaciones muy por debajo de los promedios históricos en los últimos años, mostrando una escasez que ha llevado a una disminución en la humedad del suelo, principalmente debido a la presencia de tres años consecutivos del fenómeno climático La Niña. Este fenómeno, caracterizado por una reducción en las precipitaciones, es un evento natural que afecta al clima de nuestro país”, precisó Nisi.

Para comprender la magnitud de la problemática, el técnico detalló el milimetraje obtenido de 2020 hasta la actualidad. “Los datos de precipitación de los últimos cuatro años son los siguientes, en 2020 se registraron 735 mm; en 2021, 623 mm; en 2022, 483 mm y 2023, 634 mm. El promedio de precipitación de los últimos 18 años es de 940 mm, mientras que en enero de este año se registraron solo 95 mm de precipitación, en contraste con la media histórica para ese período, que es de 135 mm.”, remarcó el Ing. Agr. consultado por El Correo.

Con respecto al inicio de la campaña gruesa 23/24, recordó que “en primavera, las precipitaciones se mantuvieron dentro del promedio habitual, lo que posibilitó condiciones óptimas para la siembra y establecimiento adecuado de los cultivos de la gruesa. Durante lo que va del verano, las precipitaciones manifiestan acumulados ajustados durante diciembre y enero”.

Enfocado ya en el estado actual de los diferentes cultivos, el técnico describió las condiciones:

•Los cultivos de maíz sembrados en septiembre han alcanzado la etapa de madurez fisiológica y han superado el período crítico de definición de rendimiento, y  las perspectivas de rinde de los maíces no son máximas, debido a la limitada acumulación de lluvias.

•En cuanto al maíz de segunda siembra, la falta de precipitaciones, junto con la ola de calor reciente, ha generado preocupación, ya que estos cultivos están en pleno período crítico. La viabilidad del polen y la sincronización floral están en riesgo, lo que resalta la necesidad de precipitaciones y temperaturas normales para garantizar un adecuado desarrollo y definición de rendimiento.

•Los cultivos de soja de primera siembra se encuentran en su período crítico, enfrentando condiciones desfavorables como la ausencia de precipitaciones, agotamiento de las reservas hídricas, aumento de las temperaturas máximas y una mayor demanda atmosférica de humedad. Estos factores están limitando el crecimiento de las vainas, el llenado de grano y abortos de flores y vainas, lo que resultará en una disminución de los rendimientos potenciales.

•La soja de segunda sobre trigo, todavía tiene por delante etapas críticas y es probable que comiencen a experimentar los efectos adversos de las condiciones climáticas descriptas anteriormente en su desarrollo y formación de los componentes de rendimiento, y el primer indicador de este contexto es la situación de los suelos de baja calidad, los cuales están experimentando un marcado estrés y una disminución en los rendimientos.

En este ambiente adverso, se hace necesario que las lluvias lleguen cuanto antes. “Las recientes elevadas temperaturas y la ausencia de precipitaciones plantean incertidumbres sobre el potencial de rendimiento de los cultivos. Las lluvias que se registren en los próximos días de febrero serán determinantes para definir los rendimientos, aún existe margen para evitar pérdidas graves si las precipitaciones vuelven a ocurrir”, señaló el Ing. Agr. Edgar Nisi y añadió, “la expectativa de una excelente campaña agrícola comienza a disiparse, la combinación de la falta de humedad en el suelo y las altas temperaturas constituye una oferta ambiental desfavorable que compromete la disponibilidad óptima de recursos durante el período crítico de los cultivos”, concluyó.

Por Elías Ferreyra

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