Olvidamos con frecuencia el aporte del Litoral Rioplatense a nuestro acervo histórico. Hombres y mujeres han fructificado el patrimonio de nuestra sociedad con su participación en distintos ámbitos del quehacer político y cultural. Entre esos personajes eminentes hay un individuo que alcanza una estatura difícil de superar. Ese hombre es José de San Martín.

Leoncio Gianello, en un excelente trabajo titulado San Martín y las provincias del Litoral, dice con acierto: “La figura máxima de nuestra Argentina, el prócer sin par y sin émulo…tiene en su vida ejemplar y señera una vinculación, casi de destino, con las provincias litorales; y, una de ellas-la heroica Corrientes- sabe que el mejor blasón de su heráldica, es Yapeyú, el solar glorioso o del primer soldado de la Patria”.

Y entre las provincias del Litoral, salvo la que le dio nacimiento y destino, la comunidad con la que más estuvo consustanciado vitalmente el Libertador fue Santa Fe. No solo por haber librado su única batalla rioplatense en la querida localidad de San Lorenzo, sino porque tuvo una relación patriótica con Estanislao López, nuestro caudillo, que lo salvó de ser fusilado por la élite porteña.

Recordemos que ambos líderes compartían una mirada geopolítica congruente. Estanislao López había hecho redactar un Estatuto americanista en 1819, mientras que José de San Martín le confiaba  a Tomás Guido: “Usted sabe que no pertenezco a partido alguno; me equivoco, yo soy del partido americano”.

En el Combate de San Lorenzo, José de San Martín lideró a 125 Granaderos escogidos por él para interceptar a las fuerzas Realistas que intentaban recuperar terreno perdido en el Litoral. La batalla fue una victoria importante para los Americanos, con las columnas españolas replegándose y anticipando unas palabras que años después expresará el admirable hijo de Yapeyú:”Los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca”.

Mucho menos conocida es la relación epistolar, de profundo afecto, entre José de San Martín y Estanislao López. El gran historiador Andrés A. Roverano ha escrito San Martín y Estanislao López, un elocuente libro sobre esta amistad americana, donde analiza con minuciosidad los intercambios entre ellos y los avatares que sufrieron.

De su correspondencia queremos resaltar una carta que es probable, como decíamos, que le haya salvado la vida. Todos sabemos lo que significaba en 1823 un Consejo de Guerra, que era a lo que se deseaba someter al Libertador de América por haber desobedecido al despótico poder porteño. Estanislao López, en una remarcable acción, lo alertó del peligro inminente.

En Octubre de 1823, José de San Martín recibió una misiva de nuestro Brigadier General, en la que este le informaba una infausta noticia:”Sé de una manera positiva, por mis agentes en Buenos Aires que a la llegada de V.E. a aquella capital, será mandado juzgar por el gobierno en un consejo de guerra de oficiales generales, por haber desobedecido sus ordenes en 1817 haciendo la gloriosa campaña a Chile, no invadir Santa Fe y la expedición libertadora al Perú. Para evitar este escándalo inaudito, y en manifestación de mi gratitud y del pueblo que presido por haberse negado V.E. tan patrióticamente en 1820 a concurrir a derramar sangre de hermanos, con los cuerpos de los  Ejércitos de los Andes que se hallaban en la provincia de Cuyo, siento el honor de asegurar a V.E. que, a su sólo aviso, estaré con la Provincia en masa a esperar a V.E. en el Desmochado, para llevarlo en triunfo hasta la plaza de la Victoria”.

Esta carta fue revelada, por primera vez, en el libro Episodios de la Guerra de la Independencia, del Coronel Manuel de Olazábal, en el año 1863. Esta es una epístola fundamental, de un valor político trascendente, que reafirmaba el compromiso que nuestro Brigadier General había hecho a José de San Martín de 300 combatientes para seguir luchando por la Causa Americana.

Luego de la victoria sobre Buenos Aires en la sangrienta Batalla de Gamonal y las firmas de los tratados de Benegas y del Cuadrilátero, la Invencible era el Estado hegemónico en el Río de la Plata. El acuerdo con el Cabildo de Montevideo, para expulsar a los invasores lusitanos del territorio Oriental, le daba a nuestra provincia  una perspectiva geopolítica preponderante. 

 Sin embargo, Estanislao López, que era un americanista convencido, sabía que José de San Martín era el líder indiscutido de esta parte de Sudamérica, y que si se proponía liderar un movimiento emancipador, todos los hombres y mujeres de buena voluntad del continente se unirían a su causa. Su liderazgo tendría un carácter continental y terminaría con la visión portuaria y centralista que tanto nos ha costado. 

Por razones atendibles, no aceptó el ofrecimiento de “llevarlo a la Plaza de la Victoria”, con el apoyo de la montonera santafesina. Dice Olazábal en su libro: “Pocos días después, despachó para Buenos Aires a don Pedro Alvíncula Moyano, y la contestación para López, agradeciéndole su aviso y ofrecimiento sin aceptarlo”.

Recordemos, como antecedente histórico, para comprender la posición del Libertador, tomada con respecto a la Carta de Estanislao López, que el 8 de octubre de 1812 se instaló en la Plaza de la Victoria, el Regimiento de Granaderos a Caballo, con su jefe, el entonces Coronel José de San Martín para presionar en la elección del segundo Triunvirato. Sin embargo, se abstuvo de querer llegar a un lugar de poder político, que fue su signo distintivo como ciudadano.

En síntesis, nuestro Gobernante consideraba con justa razón, a José de San Martín el primer genio de América. En una nota dirigida desde Rosario, el  1 de septiembre de 1821, al gobernador delegado José Ramón Méndez, le expresa: “Loor eterno al benemérito americano que ha salvado a la América cubriéndola de gloria”. 

Nuestro futuro como país depende de nuestra memoria histórica. José de San Martín y Estanislao López, tuvieron una relación epistolar y patriótica que debe ser conocida y valorada por todos los americanos.

Por Gustavo Battistoni
(Politólogo y escritor firmatense)

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