Arrancas a entrenar y el lunes haces pecho y bíceps, miércoles toca espalda y tríceps y viernes: piernas y hombros… y así durante meses o años.
Si entrenas o alguna vez pisaste un gimnasio, seguro te suena esta rutina. Y no está mal. Pero hay una pregunta que casi nadie se hace: ¿Eso que estás haciendo… tiene sentido con cómo entrenas?
En el gimnasio pasa algo curioso: muchos dividen el cuerpo en partes… porque no saben integrarlo como sistema.
Hoy quiero hablarle tanto al público femenino como masculino de una herramienta que suele subestimarse: la rutina full body. Es decir, entrenar todo el cuerpo en una misma sesión.

Y no, no es solo para principiantes como se escucha por ahí.
A fines del siglo XIX, referentes como Eugen Sandow o George Hackenschmidtya entrenaban de esta manera: con movimientos globales, buscando un desarrollo completo del cuerpo.
No había divisiones. Había lógica.
Lo más lindo de todo esto, es que la ciencia acompaña esa idea.
Al momento de escribir este artículo, me tomé el tiempo de leer algunas investigaciones actuales sobre el tema. Entre ellas, trabajos del investigador Brad Schoenfeld, uno de los mayores referentes mundiales en hipertrofia muscular.
En una revisión publicada en 2016 en el Journal of Sports Sciences, Schoenfeld y colaboradores observaron que entrenar un grupo muscular al menos dos veces por semana puede generar mayores adaptaciones que hacerlo solo una vez.
¿Traducción simple? La frecuencia con la que se entrena un grupo muscular importa. Y el full body te la da sin complicarte.

Ahora bien, tampoco caigamos en el otro extremo.
También hay evidencia que muestra que, cuando el volumen total de entrenamiento es igualado, no existen diferencias significativas entre rutinas full body y rutinas divididas en términos de fuerza o masa muscular.
Entonces, el punto no es elegir una rutina “mejor”. El punto es si lo que haces tiene sentido con cómo entrenas.
Y acá es donde entra el contexto:
- El que entrena dos o tres veces por semana.
- El que trabaja todo el día.
- El que vuelve al gimnasio después de mucho tiempo.
Para todos ellos, el full body no es una moda. Es una herramienta lógica.

Pero ojo, este es el momento donde aparece uno de los errores más comunes: esto no es hacer “un ejercicio por músculo y listo”.
Como plantea Salvador Vargas Molina en su libro Estética Corporal, el foco no está en hacer más, sino en hacer mejor: organizar correctamente las series efectivas, la intensidad y la progresión.
En esa misma línea, el entrenador Christian Thibaudeau —autor de El libro negro de los secretos del entrenamiento— insiste en algo clave: Los resultados no dependen del tipo de rutina, sino de cómo se aplican los principios del entrenamiento.
Dicho de otra manera: no es la estructura lo que te hace mejorar… es lo que haces dentro de ella.
Por eso, dentro de una rutina full body también hay lugar para ajustar, priorizar y orientar el trabajo según los objetivos de cada persona. Porque el full body NO ESTÁ ESCRITO EN PIEDRA.

Se puede adaptar. Se puede direccionar. Se puede usar con criterio.
A quien quiere darle más énfasis a una zona puntual como ser glúteos u hombros, se le puede sumar volumen o variantes dentro de la misma sesión, sin perder el equilibrio general del cuerpo.
Entonces y para ir despidiéndonos, la próxima vez que pises el gimnasio, no copies una rutina.
¡Pensa. Pero en serio!
Porque hoy sobran programas, reels, influencers y fórmulas mágicas que después no funcionan.
Incluso inteligencia artificial que te arma rutinas en segundos.
Pero ninguna de esas herramientas puede entender por qué estás entrenando como entrenas.
Y ahí está la diferencia.
No entre full body o dividida, sino entre entrenar por inercia…o entrenar con sentido.

Por Juan Andrés García
(Profesor Nacional de Educación Física)






