“Chochan”, o “Chochi”, no fue un vecino más de Firmat. Por eso su partida sacude y se adueña de las charlas en cada esquina. Muchos tienen una anécdota, una historia o un recuerdo para traerlo de vuelta.

Seguramente tampoco será silencioso su ingreso al cielo: su llegada va a generar más de una polémica entre santos y pecadores, entre ángeles y demonios. Entre todos.

Su vida tuvo un ritmo frenético y su ausencia ya se hace notar en las redes, que se inundaron de fotos y saludos para darle un último adiós. Tenía 48 años.

Murió como vivió: al límite, montado a la ola de las pasiones y los excesos. De pibe jugó al futbol y defendió los tres palos; de más grande se mudó al corazón de la hinchada. Siempre con los colores de Argentino. Siempre Cuevero.

El lunes por la mañana, después de celebrar largas horas la victoria en Primera de los pibes de Argentino sobre los de Firmat FBC, se acostó a descansar y ya no despertó. Se fue celebrando un clásico.

Además del fútbol, cultivó otras pasiones: la música, fundamentalmente el rock, del que fue un auténtico conocedor, siempre listo para compartir un dato o encender un debate melómano.

También fue un acalorado militante político. En ningún lado, jamás, pasó inadvertido. Por eso hoy, las voces de las populares de la ciudad despiden con afecto a Mariano Gabriel Frosasco; un firmatense de pura cepa, un personaje único de esos que no se olvidan fácilmente.

Se fue el “Chochi”, pero nos queda el eco de sus debates apasionados, sus rocanroles y esa bandera celeste y blanca que seguro ya colgó en la nube más alta. Hasta siempre, Chochan.

Por Mariano Carreras

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