El tío Antonio sujetó las riendas con ganas. Días antes había llovido de lo lindo, así que nos bamboleábamos de un lado a otro lo cual le daba al recorrido cierto sabor a aventura. Íbamos, por la calles de tierra, charlando; no recuerdo el tema, pero sí los enormes bigotes, su sonrisa franca y el modo en que arqueaba la …