El tango ha encontrado en la era digital un refugio inesperado de la mano de Walter Dieguez. El realizador audiovisual firmatense logró lo que para muchos parecía una contradicción: unir la nostalgia más profunda del dos por cuatro con las herramientas de vanguardia tecnológica, transformando su perfil de Instagram en un puente emocional que conecta generaciones y fronteras.
Para Dieguez, este camino no comenzó como una tesis intelectual, sino como un regreso al hogar. Es una forma de “volver al lugar donde uno fue feliz se puede a través de los recuerdos”, reflexionó el realizador, contradiciendo la famosa frase de Joaquín Sabina.

En su caso, el tango está impregnado de paisajes y aromas de infancia, un paisaje sonoro que heredó de su padres y abuelos. Lo que empezó como un simple gesto de subir videos de Julio Sosa por gusto personal, pronto se convirtió en un fenómeno de comunidad.

La labor de Walter consiste en un delicado proceso de orfebrería digital donde toma registros históricos, a veces olvidados o carentes de imagen, y los trabaja para que habiten con naturalidad en el formato de las redes sociales.

“Trato de hacer una adaptación para conservar la esencia del tango sin contaminarla tanto con la tecnología”, explicó. Sin embargo, no teme utilizar herramientas modernas, como la inteligencia artificial, para lograr que grandes voces canten a capela o para ilustrar con personajes y movimientos aquellas obras maestras que nunca tuvieron un soporte visual.
Esta “impronta distinta” ha permitido que artistas de la talla de Diego Torres o directores de cine como Juan José Campanella se detengan a dar un “like” en sus producciones. Pero más allá de la validación de figuras consagradas, a Dieguez lo moviliza el lazo con el seguidor anónimo. Ese que comenta que un video lo trasladó al patio de su casa, tomando mate con su vieja, o que le despertó un recuerdo perdido del alma.

El alcance del proyecto ha derribado muros geográficos, cosechando seguidores en Uruguay, Colombia, Perú y Ecuador, demostrando que la emoción del arrabal es universal.
Walter se reconoce con una persona nostálgica, y entiende que esa melancolía es el motor de su obra. Lejos de buscar una posición de erudito, se para desde el lugar del que siente: “Yo simplemente muestro la faceta de todo a mi manera, y que la gente decida”.

Por Mariano Carreras






