Lo que comenzó a las 12 del mediodía como un tradicional almuerzo familiar, terminó ocho horas después con el patio del tío convertido en un verdadero corso de La Quebrada.

El sábado 21 de febrero, la Familia Soto demostró una vez más que la sangre norteña no sabe de distancias: para ellos, cualquier asado es la excusa perfecta para honrar las raíces de sus abuelos oriundos de Salta y Jujuy.

El encuentro, realizado en una vivienda de barrio Fredriksson, reunió a 25 integrantes de la familia entre los 5 y los 77 años, y subió de temperatura con la llegada de parientes desde La Esperanza (Jujuy). Ellos no vinieron con las manos vacías: trajeron espumas, pinturas y talco para asegurar que nadie quedara impecable.

Solo bastó que sonara el primer acorde de una canción de Sergio Galleguillo para que el asado mutara en carnaval. Hasta las 20 horas se extendió la reunión donde los Soto borraron las edades: desde los más chiquitos hasta los más grandes terminaron sumergidos en el “enchastre” ritual. Una jornada donde la harina voló tan alto como el orgullo de mantener viva la tradición de la Pachamama en pleno domingo familiar.

“Hicimos una celebración de carnaval norteño. Para nosotros es algo bastante normal que algún asado de domingo termine en carnaval, mis abuelos vinieron de Salta y Jujuy entonces esta es una de las tradiciones que seguimos en la familia, como la Pachamama en agosto”, contó a El Correo Magalí, una de las nietas del mayor de la familia.

“En un domingo de asado o un primero de enero capaz puede sonar un tema de Galleguillo y ya aparece un paquete de harina para tirarse. Ahora vinieron unos familiares de La esperanza (Jujuy) y trajeron sus espumas, pinturas y talcos, como se usa en sus corsos, entonces hicimos un asado con la familia en el patio de mi tío y todo terminó en tarde de carnaval, bombo, folklore y un poco de enchastre”, agregó.

Por Estefanía Gutiérrez Petruzzi

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